domingo, 11 de julio de 2010

Nueva York (II): Espíritu Americano

Una de las cosas que más sorprende de Nueva York es lo extremadamente amable que es la gente. Si te ven con un plano o con cara de perdido rápidamente se ofrecen para ayudarte o indicarte como llegar a un lugar. Además, son gente muy extrovertida. Eso lo pudimos comprobaren nuestras carnes cuando haciendo una pausa para beber en una fuente de Central Park (¡menudo calor!) se nos acercó un desconocido, de nombre Brandon, y nos preguntó si hablábamos alemán. A partir de ello nos pusimos a conversar y terminamos intercambiando nuestras señas. Esperaba que no se tratara más que de falsa cortesía, pero mira por dónde, esa misma noche recibimos un correo del sujeto invitándonos a tomar algo juntos.

Aplazamos nuestro encuentro hasta después del Día de la Independencia, el 4 julio, día en que como todo el mundo sabe los americanos liberaron a la Tierra de la amenaza extraterrestre. Esperábamos un gran despliegue de actividades, pero ese día los americanos sólo hacen dos cosas. Por un lado, descuentos extra en todas las tiendas, porque no hay nada más yankee que comprar mucho. Y por el otro, fuegos artificiales en torno al Hudson. Por desgracia habíamos tomado un ferry a Statten Island (donde en esencia, no hay nada) para ver de cerca la Estatua de la Libertad y cómo suspendieron el servicio nos quedamos allí. La vista de los fuegos no fue demasiado buena, pero pudimos constatar que desde allí había hasta 7 puntos diferentes con fuegos artificiales. Excesos. Cómo excesos habían sido los de esa mañana en Coney Island cuando asistimos al concurso nacional de comedores de perritos calientes.

¿Recordáis al alcalde Bloomberg premiando al ganador del año pasado? Pues bueno, nosotros decidimos ir a ver si el campeón revalidaba el título. Coney Island es una zona deprimida donde hay un parque de atracciones antiquísimo y una playa masificada hasta los topes. Allí se había montado una tarima para los auténticos tragones nacionales, que se disponían a ingerir hot dogs bajo un sol de justicia y la admiración del pueblo congregado. Es alucinante la falta de tradiciones populares en estas gentes, que sacralizan hasta lo más banal. ¡Menuda polémica porque ese año no concursaba un histórico competidor japonés, de gran apoyo popular! Bueno, la experiencia fue cuando menos curiosa, vivamente recomendada por Brandon, que vimos al día siguiente.

Nos citamos en un pequeño bar de diseño en la 9 avenida. Allí nos esperaba tomando unas cervezas e invitándonos a otras de manera totalmente desinteresada. ¿Quién es Brandon? Este señor es el realizador de un Talk Show (una tertulia, vamos) de política en la MSNBC y está un poco cansado de su trabajo. Precisamente al día siguiente cogía un avión para L.A. a buscar un nuevo empleo en el mundo del cine. Le encantan las películas, en especial las históricas, porque según él gracias al cine se puede determinar qué es lo que piensa la gente de la Historia. Y si a la gente le gusta la historia, dijo, es porque a la gente le gusta buscar responsabilidades pero no asumirlas. Estuvimos allí departiendo un rato sobre temas diversos. Criticó duramente a Obama en algunas cosas. Dijo que no hablaba tan bien cómo se decía (se atranca y lee de una pantalla), que había gestionado fatal el problema de BP (rechazó ayuda de otros países e informes de técnicos diversos), dijo que si había llegado al poder era más por el rechazo a Bush que por sus méritos (el era joven y guapo, frente a un McCain viejo con una ticket Palin completamente inepta) y planteó que el debate de la reforma sanitaria seguí abierto, porque la gente realmente no lo quería (¿Debería el 80% de los que tienen seguro tener peor asistencia y aguantar colas para dársela al 20% restante? A los americanos no les gusta esperar…) Y de paso aprovechó para recordar que el Imperio Americano es el mejor de los posibles (frente a China o los árabes) y, nota para el TC, que cualquiera sabe que en España hay tres regiones: España, Cataluña y País Vasco.

Tras la animada charla, nos invitó a su ex piso (que estaba allí mismo) y nos dejó disfrutar de las vistas desde la azotea. Nos despedimos, no sin que antes nos convenciera para ir a un partido de baseball. Y fuimos, a uno de los Mets. Vaya por delante que es el deporte más aburrido del planeta, donde no pasa nada de nada y que, en realidad, a la gente le da exactamente igual. Con una macro pantalla y miles de anuncios, muy cerca del aeropuerto (con aviones pasando a baja altura), allí la gente está a la charla y a comer y beber. Ni siquiera están mucho rato sentados. Hay un montón de sorteos de diferentes supermercados (porque el partido se para continuamente) y la cámara te enfoca para que te beses con tu pareja o bailes el boogy-boogy. ¡Y hasta había los míticos lanza-camisetas que llegaban a gran altura en el estadio! Un despliegue de color y música más que de emoción…

Así, me parece que en este viaje tuvimos la ocasión de hacer más cosas que los meros turistas, y de callejear cómo explicaré más adelante. En cierta medida, y de una manera algo fortuita, pudimos capturar un poco del genuino espíritu americano.

2 comentarios:

griverorz dijo...

Los neoyorquinos sólo son simpáticos en verano. Lo comprendo: este invierno le agria el carácter a cualquiera.

A.Orte dijo...

La misma sensación tuve en la costa oeste, pero allí me dicen que son simpáticos siempre... yo estuve en invierno y noté que la gente tenía poco tiempo pero tenían ganas de interactuar. Incluso en las cafeterías de San Francisco se interesaban por el origen de lo que leía.