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jueves, 4 de marzo de 2010

La reforma del mercado laboral

Tras el asunto aquel del contrato que propone la CEOE sin indemnización por despido para los jóvenes (ya, teóricamente, retirado) y discutiendo con Luis Ortiz (sociólogo del departamento) vía Facebook de en que iba a quedar el mercado laboral español tras toda esta crisis. Y ciertamente el panorama es bastante desolador, aunque Luis dio bastante en el clavo con su diagnóstico.

Primero, el estado de la cuestión. El mercado laboral español es un mercado que denominamos dual. Por un lado hay un grupo de trabajadores con pleno reconocimiento de derechos laborales, contratación fija, con fuertes costes de despido generalmente concentrados en empresas públicas, semi-públicas o multinacionales. Por el otro hay un colectivo de trabajadores en condiciones precarias con una baja remuneración, con empleos temporales o de obra y servicio, sin apenas derechos y sin coste efectivo de despido (basta con no renovar el contrato), que se encuentran en todos los sectores y subcontratas imaginables. Los primeros coinciden normalmente con la generación del baby- boom (años 60) mientras que los segundos son mayoritariamente jóvenes de menos de 30 años, mujeres o inmigrantes. Los primeros tienen estudios de FP o ni siquiera. Entre los segundos hay miles de licenciados universitarios. Por supuesto, la crisis ha golpeado más duramente a los más desprotegidos. No es lo mismo no renovar un contrato que tener que hacer un ERE. Tasas de desempleo del 42% entre los menores de 28 nos da una idea aproximada de lo que digo.

Segundo, los actores que juegan. Es evidente que la patronal española, que siempre busca competir en bajo coste de la mano de obra, presiona para abaratar el despido y reducir sus cotizaciones. Hasta aquí nada nuevo. Pero el papel más pernicioso a mi juicio lo realizan aquellos que, en teoría, hablan por los trabajadores: los sindicatos. Como estos actores dependen en las elecciones sindicales del voto de los trabajadores de las empresas grandes y por ello, los intereses que mayoritariamente defiende es el de los trabajadores protegidos. Es decir, defiende los intereses de los insiders del sistema. ¿En cuantas empresas pequeñas hay sindicalistas? ¿Cuántos trabajadores en contratos de 6 meses se afilian? ¿Cuántos delegados sindicales inmigrantes hay? Más allá de lo que pueda hacer un delegado sindical en particular, los incentivos están claros a favor de un tipo de trabajador. El gobierno, por su parte, ha decidido que no quiere enfrentarse a los sindicatos de ninguna de las maneras y remolonea con hacer una reforma laboral. La culpa es del modelo productivo, dice, como si la legislación laboral no tuviera nada que ver en las tasas de paro. Grave error.

La solución que valoro consiste en lo que ya he argumentado otras veces: algún tipo de contrato único con un coste de despido menor, que permita incluir a más personas como fijas rebajando la protección de las que ya lo son. Sin embargo, es un dilema del prisionero. Los resultados globales son sub-optimos porque ningún actor quiere colaborar. El gobierno no quiere tocar el tema, porque valora en exceso la “paz social”. Los sindicatos no quieren rebajar la protección de los que ya están fijos, pero siguen apostando por la prejubilación sin saber como reducir la precariedad. Y la CEOE presiona para que, ya que no se puede empeorar a los que están mejor, al menos se precarice más a los más desprotegidos. Resultado: Paro y precariedad para los mismos. Aunque, también hay otro escenario posible. Una abultada mayoría del PP en 2012 y una evolución a la baja en la indemnización para protegidos y desprotegidos. Y a ellos no les va a temblar el pulso.

viernes, 27 de noviembre de 2009

España y Portugal: tan cerca, tan lejos.

Ayer mantuvimos en el departamento una interesante charla con Marina Costa Lobo, una de las politólogas de referencia en Portugal, que nos visitó para presentar un artículo. Además de hablar sobre su investigación, también se abrieron otros debates sobre las agendas políticas de los respectivos gobiernos socialistas llevan en nuestros países y la pasada campaña de las elecciones legislativas en Portugal. Permitidme que exponga aquí algunas de las reflexiones que retuve de ayer.

La primera es la más que evidente asimetría en las relaciones; Portugal mira mucho más a España de lo que nosotros los miramos a ellos. Eso hace que ellos sepan mucho más sobre nosotros que viceversa, y que nuestra propia agenda política influya mucho en ellos. En ambos países gobiernan partidos socialistas (Sócrates antes con absoluta, ahora con mayoría relativa) y en ambos casos se han activado temas sociales que son especialmente sensibles para la Iglesia. En la anterior legislatura en Portugal, se hicieron dos referéndums sobre el aborto y en esta legislatura se aborda el matrimonio homosexual. En España está ocurriendo al revés, como sabéis. La anterior legislatura se trató el matrimonio gay y ahora se entra con el tema del aborto. ¿Curiosa coincidencia, verdad? O quizás no tanto…

Lo que si se ha puesto de manifiesto durante estos procesos es el poder relativo de la religiosidad como elemento electoral en ambos países. Y de nuevo aparece una curiosa paradoja. España es un país mucho más secularizado (con menos practicantes) que Portugal pero la Iglesia Católica conserva mucho más poder institucional. Así, mientras que en España la jerarquía eclesiástica se ha movilizado de manera muy agresiva contra estos temas, el alcance de su actividad en Portugal ha sido mucho más reducido. Esto puede relacionarse con el hecho de que mientras la religiosidad tiene en España una asociación con la derecha en Portugal esto no es así. ¿Razones de la diferencia entre ambos países? Yo creo que probablemente está en el papel de la Iglesia en sus dictaduras y en sus transiciones. Mientras que en Portugal la Iglesia permaneció al margen del salazarismo, en España fue parte del propio régimen dictatorial (de ahí su asociación con la derecha). Para entender el poder que tiene en España y no en Portugal hay que saber que mientras que en Portugal hubo una transición rupturista, aquí fue pactada, con lo que muchos actores mantuvieron privilegios. La asignatura de religión en la escuela pública es algo incomprensible para un portugués.

Otro tema que surgió en la conversación fue el de la “Federación Ibérica” y la unión de España y Portugal. Casi un 35% de los portugueses están a favor, aunque probablemente sea por razones instrumentales ligadas al nivel de vida superior que hay en España. Incluso durante la campaña legislativa surgió el tema en torno a la invasión española con el AVE. Aunque el debate del unionismo ya se planteó por reformistas ilustrados del siglo XIX, el franquismo lo enterró. De hecho, en nuestro país apenas se habla del tema porque, claro, sería acoger al hermano pequeño y; ¿Quién querría hacerlo si ya hay broncas por la solidaridad interterritorial con Andalucía y Extremadura?

La verdad es que me resulta curioso lo poco que sabemos en España de nuestro vecino de occidente aún cuando nuestras historias están tremendamente entrelazadas. A afectos reales no hay más diferencias entre un madrileño y un portugués que las que tiene con un catalán. Quizás haya que hacer cierta pedagogía y aclarar que este país tiene mucho más que ofrecernos que un Figo o Cristiano Ronaldo…

lunes, 9 de noviembre de 2009

Corrupción

Estos días el tema estrella entre aquellos a los que nos interesa la política ha sido el de la corrupción. Todo viene a raíz de los últimos casos que han agitado las aguas del presunto “oasis catalán”. Nombres propios como Filesa, Roldán, el caso Naseiro, Pozuelo y Seseña, Marbella, Gürtel… se han convertido por desgracia en lugares comunes del imaginario político español. En el ranking de transparency.org, España aparece como el país 23 de los 163 analizados, de menos a más corrupto según la percepción ciudadana. Probablemente hayamos caído. De hecho, la percepción ciudadana quizás sea excesivamente benevolente…

Me gustaría empezar dejando claro que considero que España es un país que tiene una predilección natural por la corrupción. Y no hablo de la política, solamente. Usar la wifi del vecino, escaquearse para echarse un cigarrillo durante horas de trabajo, una falsa baja laboral, hacer un trabajo mal a sabiendas… son ejemplos de corrupción. Puede considerarse que apenas es dañina, se trata de una corrupción privada: sin embargo, es un comportamiento legal y socialmente penalizado en otras latitudes. Sin embargo, quizás el más lesivo para el interés general sea la corrupción pública, sea o no ejercida desde instituciones. Ejemplos de corrupción no ejercida desde instituciones públicas pero que las afectan son los casos típicos de fraude fiscal en cualquiera de sus formas, soborno a cargos públicos, etcétera. De momento, dejaré esta situación a parte y me centraré exclusivamente en la corrupción pública ejercida desde las instituciones.

Creo que una manera de atacar el tema es distinguiendo entre dos planos diferentes pero relacionados; lo legal y lo político. En el primer plano, existen unos delitos tipificados en el código penal como de corrupción. Estos supuestos son los perseguidos por la justicia. La democracia tiene de positivo que es capaz de lavar sus vergüenzas en público. Es decir, que permite la transparencia en la persecución de los delitos, a diferencia de un régimen despótico, donde la corrupción existe pero se tolera. Sin embargo, en este plano España necesitaría hacer reformas importantes. Y no me refiero a poner sobre el papel nuevos supuestos de corrupción, que también podría ser útil. Es necesario, en primer lugar, dotar de más medios a la fiscalía anti-corrupción. Un segundo es el ampliar las penas por corrupción. Algunas propuestas pueden ir desde aplicar la Ley Anti-terrorista a los corruptos, penas máximas (hasta 30 años) y, la más importante, incautación vitalicia de bienes inmuebles y financieros hasta la devolución de la cantidad desfalcada. Un tercero pasa por evitar la politización de la justicia, medidas de inhibición cautelares para evitar que el presidente de la Audiencia de una comunidad sea “muy amigo” del potencial imputado…

El segundo plano es el de lo político. ¿Es justo el uso del poder para favorecer a una clientela afín a intereses privados? Lo cierto es que eso ocurre. La discrecionalidad de la administración (a todos los niveles, pero más el local) en la adjudicación de contratos, de estudios, etc… genera redes de amiguismo claramente clientelar. Además de que hacen que el cargo público pueda ser corrompido por organizaciones con ánimo de lucrarse a costa de la administración. Este plano en cuestión liga con la concepción de lo público. ¿Se está en el poder para vivir del pesebre público o con una vocación de servicio? Aquí entra la actuación de dos actores. Primero de los partidos, que deben seleccionar a sus cargos públicos con un cuidado exquisito, apartando a las manzanas podridas. Del mismo modo, puede emplear la corrupción para financiarse ilegalmente. Cuanto más endógamo sea un partido (en el nivel que sea), mayor es el riesgo de que no sepa o quiera hacerlo. Partidos políticos con democracia interna, porosos con la sociedad civil, favorecen la transparencia y por lo tanto, reducen la posibilidad de que haya corrupción. Pero el segundo actor es la ciudadanía, que elige a los gobernantes. Cuanto más intransigente sea la ciudadanía con la corrupción, más se informe sobre política y se implique en los asuntos públicos, más probable es que sancione a los partidos que lleven corruptos en sus listas. Lo contrario ocurrirá si la propia ciudadanía se beneficia de las redes de amiguismo y los mismos corruptos tenderán a reproducirse ene l poder.

En suma, atacar la corrupción requiere de tres frentes coordinados. El primero es el político, con una vocación clara de lucha contra la corrupción. Tolerancia cero, expulsión de corruptos inmediata (la presunción de inocencia es legal, no política), mecanismos de transparencia y democracia interna. El segundo es el legal, impulsado desde la política. Declaración de patrimonio de concejales antes y después de la legislatura, medios a fiscales anti-corrupción, cambio en la ley de financiación de partidos y endurecimiento de penas por corrupción. Y el tercer frente es el ciudadano, que es crucial: ni un voto a corruptos, defensa cerrada de lo público. ¿Son propuestas utópicas? No lo creo: más bien es el mínimo común denominador de una democracia avanzada. No merecemos menos.

jueves, 15 de octubre de 2009

Equilibrios de poder

Estos días está cayendo un auténtico chaparrón informativo que se ha desplazado de la crisis económica al asunto de la trama “Gürtel”, sobre el cual ya escribí la vez pasada. Una dimensión que no puede pasar desapercibida para entender lo que ocurre dentro del Partido Popular es la de los equilibrios de poder territorial dentro de los partidos. ¿En que medida las ramas regionales de los partidos son autónomas?

Pensemos en sucesos recientes en ambos partidos, a niveles distintos. En el caso de la destitución de Costa en el PP de Valencia es evidente que ha habido una pugna entre un presidente autonómico que quería conservar a su número dos y se comprometió a hacerlo, frente a una dirección nacional que exigía contundencia. El desconcierto que ha reinado las últimas 24 horas es prueba de que las baronías territoriales tienen muchísimo peso interno. Valencia, Galicia y, sobre todo, Madrid, son los tres puntales sobre los que se edifica el poder del Partido Popular y no cabe duda de que tienen un margen de autonomía interna importante. Ya se que después de la época Aznar puede sorprender, pero en verdad entronca con el ADN del partido conservador. Desde tiempos de AP, esta formación siempre ha sido muy faccionalista, a lo que sólo se puso fin con la llegada del aznarismo a la secretaría general. Es algo que afloró en todo su esplendor tras la derrota de Rajoy en 2008 y que aún permanece, más o menos soterrado, a pesar del Congreso de Valencia.

En el PSOE el movimiento ha ido en sentido contrario, con una centralización cada vez mayor del poder en manos de la dirección nacional. Hay pruebas contundentes: casi ningún presidente autonómico ha sobrevivido a la llegada de Zapatero a La Moncloa. Sus potenciales contrapesos han sido liquidados (Ibarra, Maragall, por ejemplo) o bien se han convertido en dependientes directos del Secretario General (Chaves o Bono, por ejemplo, ya que tiene más poder un presidente autonómico que un ministro). Así, el PSOE es hoy más centralista que nunca, quizás con la excepción del PSC. Esto entronca un poco con la reciente polémica de la legalización del cupo vasco en el Congreso. Este hecho es lesivo para los intereses de La Rioja de manera evidente. Y nos encontramos con que el Partido Popular se ha dividido, con un Basagoiti claramente a favor, y una dirección nacional en contra. Sin embargo, esto no ha sido así en el caso del PSOE, donde la contradicción no afectaba a una federación tan importante como la vasca, si no a una menor, la riojana. ¿Más casos de conflictos entre el centro y las ramas regionales? El fracaso del pacto del PSN con NaBai en Navarra, por ejemplo.

La pregunta es; ¿Es estar en La Moncloa el elemento clave para entender los equilibrios de poder dentro de un partido? ¿Hubiera caído Costa sin hacer ruido si Rajoy fuera Presidente del Gobierno? ¿Se hubiera pactado con NaBai y votado contra el cupo vasco si Zapatero estuviera en la oposición? Es posible que hubiera ayudado, pero no hubiera sido suficiente. Habría que preguntarse también por cuestiones organizativas ¿Quién nombra los candidatos regionales? ¿Tienen autonomía en su financiación? ¿Qué margen para hacer sus propios programas/ políticas tienen? ¿Existe un veto nacional a las listas regionales? ¿O viceversa? Cuestiones que nos ayudan mucho a saber de que lado caerá la balanza cuando se producen los inevitables roces entre la dirección nacional y una rama regional del partido.

martes, 28 de julio de 2009

Por favor, no disparen al estadístico

A veces nuestros representantes confunden los deseos y la realidad. Algo así le debe haber ocurrido a Dolores del Cospedal, la número dos del Partido Popular, cuando hacía su valoración del último CIS. La noticia saltó ayer a los medios de comunicación cuando se comunicó que por primera vez desde 2004, el PP supera al PSOE en intención directa de voto. Aunque siguen en empate técnico, la resaca de las europeas ha hecho retroceder a los socialistas casi un punto y medio, mientras que los populares retroceden una décima. Zapatero sigue siendo el más valorado, mientras que Mariano Rajoy es el cuarto. La principal preocupación de los españoles, con alrededor de un 75%, el paro. Hasta aquí la noticia.

Sin embargo, Del Cospedal ha hecho su propia lectura de los datos, declarando que el CIS es una institución completamente sesgada a favor del gobierno, carente de credibilidad. ¿La razón? Las encuestas internas del Partido Popular le dan una ventaja de hasta cuatro puntos y hacen que Mariano Rajoy salga mucho mejor valorado. Perdón que tenga que recordarle algunas cuestiones elementales sobre encuestas, pero ya se sabe que un poco de rigor siempre es beneficioso para el debate público. Empezaré explicando a Maria Dolores algo llamado error muestral. Cuando se elabora una encuesta, se hace sobre una muestra de personas entrevistadas que contiene un margen de error, según el intervalo de confianza, pero que normalmente suele oscilar entre un 2,5 y 3,5%. Eso significa que los valores reales de la población se sitúan, pongamos, un 3,5% por encima o por debajo del estadístico obtenido. Así que el PP, según la encuesta, no tendría una intención de voto del 40,1%, si no que su intención de voto real sería entre un 36,6% y un 43,6%. Por eso, cuando los dos principales partidos no se salen de la horquilla, como es el caso, decimos que hay empate técnico. Y si a esta señora, sus encuestas le dan un 44% de intención de voto, aunque dependerá del error muestral, no se diferencian demasiado de las estimaciones del CIS. Además, seguro que unas encuestas internas son comparables en transparencia y reproducibilidad científica a las del CIS. Y por supuesto, mucho menos sesgadas que las de un organismo público ¿Verdad?

Para seguir dándole caña al CIS, Del Cospedal ha dicho que este instituto falló sus previsiones en las elecciones europeas, al dar casi un empate y en las elecciones gallegas y vascas. Cierto, ya se sabe que las encuestas fallan. No son matemática pura, ya que apuntan tendencias, pero no predicen resultados. Ya dice Cospedal que el PP lo hace mejor de lo que prevé el CIS. Si es así ¿Por qué preocuparse? Aunque no es cierto que el CIS falle tantas veces. Sin ir más lejos, las pasadas generales las clavaron. Por lo que toca a la valoración de los líderes, no tengo yo que salga tan valorado el pobre de Rajoy, pues en un cuarto puesto está todavía muy lejos del presidente del gobierno. Bastantes palos le dan desde dentro. Así que menos criticar al CIS y más dedicarse a lo suyo. Que hay muy respetables compañeros del gremio que están trabajando en generar bases de datos. Y no es plan que disparen al mensajero cuando las noticias no son todo lo buenas que uno quiere.

Este mes de agosto me voy a Eslovenia. Me llevo un diario de viaje e iré poniendo entradas cortitas sobre mis aventuras y desventuras por aquellas tierras. Ya os iré dando nuevas. Este año la kancillería no cierra por vacaciones.

viernes, 10 de julio de 2009

Luchas intestinas en UPyD

Ya se que estoy con poca producción de entradas este mes, pero como sabeis, estoy en casa y allí suelo escribir menos. De hecho, mi mente está en un proceso de muy saludable entumecimiento. Es increíble la capacidad que tengo para desconectar en mi entorno. Pese a esto, me ha llegado la noticia de las primeras desavenencias dentro de UPyD y como se ha saldado con el portazo de Mikel Buesa y la crítica de varios militantes a la falta de democracia interna. Como respuesta, publicaba Savater un artículo en El País para justificar la existencia de la formación de la que es co-fundador, en sus propios términos, como “herejía” frente a los dos grandes partidos.

Es curioso que muchas veces, cuando se analiza los partidos, no se considera el peso que el diseño organizativo tiene en su propio funcionamiento. Hay que recordar que las organizaciones tienen mucho de arenas de competición donde los militantes pugnan por su control, por cargos tanto materiales como honoríficos, sea por mantener la “pureza” ideológica o por satisfacer sus propias ambiciones personales. En las primeras fases de un partido político, como opere es crucial. De hecho, suelen empezar con un cariz muy asambleario y participativo, pero el propio crecimiento del partido genera que de la especialización de algunos miembros nazcan las elites, la “tecnoestructura” que hace y deshace. Esta archi-famosa Ley de Hierro de la Oligarquía de Michels permanece vigente, al menos, en los partidos que se constituyen como organizaciones (europeos) y no como plataforma para candidatos (americanos). Pues bien, aquí tenemos el caso de UPyD, un partido que ni mucho menos es tan grande o está tan consolidado, con ciertas dificultades. Es cierto que su éxito electoral ha sorprendido a propios y extraños, pero el partido es demasiado joven como para ser inmune a la ruptura.

Si uno analiza a UPyD, se dará cuenta de que la gente se refiere a él como “el Partido de Rosa Díez”. Algo que recuerda a las tesis de Gunther sobre el papel crucial que tiene el caudillismo de los líderes en la política española. Y que también nos orienta sobre quien tiene los pantalones en casa y quien está acostumbrada a hacer y deshacer en el partido. Algo que me imagino es propio de gente despechada por su salida de otro, que tiene un gran poder de veto interno en la configuración de candidaturas y cargos internos. No deja de ser paradójico que defiendan una reforma electoral con listas abiertas pero que haya insistentes críticas a la falta de democracia interna. Y también es extraño la importante estructura piramidal que tiene la organización, cuando lo normal es que un partido novel empieza siendo muy democrático. Se parece más a un partido leninista que a uno post-moderno. O eso diría la literatura. Porque siempre dependerá de si el partido nace desde la base local o desde el centro nacional. El caso de UPyD es claramente el segundo, una formación exclusivamente centrada en un tema: la re-centralización del Estado. Por supuesto, en íntima colaboración con cantos de sirena a diestra y siniestra y el apoyo de la brunete mediática conservadora.

En términos de Hirchman, los militantes tienen la opción de la salida (fundar otro partido), la voz (crítica interna) y la lealtad (tragarse el sapo). La dirección ya ha invitado a los rebeldes a marcharse del partido, cosa que suele pasar en las organizaciones pequeñas. Cualquier foco de oposición es potencialmente peligroso para las elites. Sin embargo, los militantes saben que fundar un nuevo partido es suicidarse, ya que empezar con una organización siempre es muy complicado y más aún obtener resultados tan buenos en tan poco tiempo. Así, han decidido que se quedarán y ejercerán la oposición desde dentro. Ya se ha demostrado que la división se castiga en las urnas. ¿Llegarán las disputas internas a minar las posibilidades electorales de UPyD? ¿Logrará el sector crítico una cuota de poder? ¿Qué pasaría si el tema nacional saliera de la agenda? ¿Y si Rosa Díez no fuera la próxima candidata? Ciertamente, se abre un panorama interesante…

jueves, 25 de junio de 2009

La Rioja electoral

Estos días de calor se nota que estoy mirando más hacia casa que hacia Barcelona. Lo reconozco, mi mente ya está de vacaciones. De hecho, estoy repasando algunas cosillas sobre la evolución del voto en la Rioja, también un poco picado por los pseudos- analistas del diario de mi comunidad (véase el pasado post). De hecho, me he puesto a hacer algunas simulaciones sobre donde se centra la competición electoral en La Rioja. Empezaré por algunos antecedentes.

El sistema político de La Rioja se basa en un sistema unicameral con 33 escaños en juego, luego la mayoría absoluta se sitúa en 17 escaños. De manera sistemática en las últimas 5 elecciones regionales, el Partido Popular ha obtenido dicha mayoría. La ley electoral general se rige según la LOREG estableciendo la fórmula de Hondt en la atribución de la representación y una barrera electoral mínima de un 5%. El número efectivo de partidos es de 2,46, situándose en torno al promedio de las comunidades autónomas españolas. Sin embargo, el sistema es de los más proporcionales, con un índice desproporcionalidad de solo el 1,2%. Resumiendo muy rápidamente los resultados de las últimas elecciones tenemos con una participación del 73,3%: PP 48,8% de votos y 17 escaños, PSOE 40,4% de votos y 14 escaños, Partido Riojano con 6% de votos y 2 escaños. Por último, la coalición IZQ entre verdes, iniciativa ciudadana e IU con un 3,1% y que queda fuera del Parlamento. La barrera electoral es un elemento crucial que ha garantizado que el PP renovase su mayoría absoluta. Si la barrera electoral se situara fuera del régimen general y pasara del 5 al 3%, IZQ obtendría un escaño a costa del Partido Popular. Con ello, cabría la posibilidad de formar un acuerdo de gobierno alternativo.






Respecto de la evolución del voto, es muy curioso porque el Partido Popular mantiene altos niveles de movilización con independencia de la participación electoral. Siempre han evolucionado entre un 48 y un 52% en cada elección. El PSOE ha ido creciendo en cada convocatoria electoral desde 1995 a raíz de dos puntos por elección, partiendo del bajo 34% hasta el actual 40%, aunque aún queda lejos de su adversario. El Partido Riojano permanece estable, en torno al 6% en cada elección, con lo que siempre se aseguran sus dos escaños. Y de nuevo IU da la nota, porque aunque no obtiene representación desde 1995 (7,2% y dos escaños) ha caído en cada convocatoria. Algo que no sorprende de no ser porque en la última, que iba en una amplia coalición, sacó menos votos que la suma de sus socios e incluso casi igual que yendo solos. Está claro que los incentivos al voto útil en las elecciones regionales son muy fuertes. Según me muestran las simulaciones, los socialistas necesitan recortar su distancia a 10.000 votos del PP para, ceteris paribus, arrebatarles un escaño. Ahora la diferencia es de unos 15.000 votos, por lo que deberían pasar de los 8,5 puntos que los separan a 5,8%. El Partido Riojano, para ganar un escaño debería tener un crecimiento muy importante dado que la Ley de Hondt, como es sabido, perjudica a las terceras fuerzas. En todo caso, la estabilidad que muestra a lo largo del tiempo hacen seguro que, salvo catástrofe, conservará sus dos escaños.

Esta es una visión general sobre el panorama electoral en La Rioja. En breve echaré un ojo a algunos datos de encuestas pre y post- electoral. De todas maneras ya avanzo algunos datos: es la región más a la derecha de la escala y la que menos apoyo de a un régimen democrático. Se relaciona intensamente con la edad, claro está. Pero de momento quería alumbrar un poco el panorama electoral en general. Más noticias en próximas ediciones. Ahora a ver si me centro un poco…

martes, 23 de junio de 2009

Candidatos cuneros

Quizás algunos no estén familiarizados con la palabra, pero por candidato cunero se refiere a aquel candidato que compite por un distrito del que no es nativo. Este apelativo despectivo nace durante la época de la Restauración en el siglo XIX, cuando los partidos turnistas (sobre todo los liberales) imponían candidatos desde la capital. Ni que decir que famosos términos como el pucherazo datan de un régimen en que las elecciones eran pura pantomima.

A raíz del workshop sobre sistemas electorales del que he hablado recientemente se me ocurrió que tal vez las listas cerradas sí que tuvieran un cierto componente de representación personal. ¿En qué sentido? En el de que los partidos podrían colocar a candidatos muy visibles en distritos clave para lograr potenciar su apoyo electoral. Este tipo de candidatos podrían ser de dos tipos. Por una parte, los partidos podrían colocar a alcaldes en sus listas al Congreso de los Diputados si creen que con ello maximizarían su apoyo electoral. Por la otra, el partido en el gobierno podría emplear a ministros populares para que fueran en las listas de provincias donde fueran claves. Por el contrario, los ministros más impopulares, los mandarían a distritos seguros, donde no perjudicaran demasiado al partido. Ayer estuve mirando algunos datos al respecto por lo tocante al PSOE y al PP por lo tocante a los ministros y alcaldes que concurrieron en las elecciones de 2008. He considerado a los ministros sólo de la anterior legislatura, lo que excluye a Villalobos, Trillo, Acebes… y otros que fueron ministros de la era Aznar. De los alcaldes, sólo los que lo fueron la legislatura entre 2004 y 2008. Por último, he excluido Madrid ya que allí concurren los cabezas de la lista electoral.

De entrada, 16 ministros entre 2004 y 2008 concurrieron a las elecciones como cabezas de lista en provincias españolas. De estos, sólo 7 lo hicieron por su provincia de nacimiento aunque se incrementa a 12 si lo miramos por la comunidad autónoma. Así que, como poco, hay 4 cuneros: Rubalcaba en Cádiz, Bermejo en Murcia, Salgado en Cantabria y Moratinos en Córdoba. Si nos fijamos en los alcaldes que envía el PSOE al Congreso, apenas envían 4, un 8% de las provincias en juego. El Partido Popular, por su parte envió a Madrid hasta 7 alcaldes. Destacar entre ellos a Teofila Martínez por Cádiz, Luís Maldonado por Almagro y Maria Pilar Barreiro por Cartagena. Cuando hago unos estadísticos de correlaciones en general no hay resultados muy destacables, también por las escasas observaciones. Pero hay una asociación muy curiosa. En aquellos distritos en los que el PSOE envía un ministro como cabeza de lista, el Partido Popular envía un alcalde. Así ocurre en Alicante, Murcia, Málaga, León, Cáceres y Cádiz. Sólo el alcalde de Almagro no tiene a un ministro como contendiente. ¿Coincidencia? En Cádiz y Murcia, donde se envían candidatos cuneros, el PP reacciona poniendo en sus listas a alcaldes que puedan movilizar a las bases electorales. Más en Cádiz, donde competían Rubalcaba, ministro bien valorado antes de las elecciones, y Teofila Martínez, muy querida en Cadiz capital.

Estos son sólo algunos datos que estoy empezando a recopilar sobre la cuestión. Es posible que no salga nada en claro, pero creo que plantean un debate interesante. Por una parte, que el personalismo, aún en los sistemas de listas cerradas, parece ser tenido en cuenta a la hora de configurar las candidaturas. No sabemos si el electorado reacciona o no (datos de encuesta necesarios) pero a los partidos les preocupa. Y segundo, que vistos los resultados que obtuvo el PSOE en Valencia y Murcia, parece que las estrategias de candidatos cuneros tienen una efectividad limitada. Más aún si el oponente logra movilizar las bases locales con un alcalde de “a nossa terra”.

lunes, 15 de junio de 2009

Demócratas todos

Una práctica que hemos hecho todos los que pasan por la licenciatura de Ciencias Políticas y de la Administración de la UPF, y para más seña, en la asignatura de política comparada, es la de discutir si Irán se trata de una democracia. Evidentemente nadie calificaba el régimen como una democracia liberal representativa pero había quien postulaba que, aunque con deficiencias, se trata de un modelo de democracia “a la islámica”. Vistos los recientes disturbios que hay en el país tras las elecciones presidenciales, me parece conveniente retomar la cuestión.

El poner etiquetas tiene gran importancia en política porque lo que subyace es la búsqueda de legitimidad. En un régimen, por supuesto, esto es algo crucial. En la discusión sobre si un país es democrático o no ha habido diversos autores que se han mojado. Por simplificar las cosas, podríamos plantear dos tipos de clasificaciones; las instrumentales o procedimentales y las sustantivas. En el primer caso, la definición instrumental de democracia hace referencia a la regla que debe cumplirse en el régimen para que pueda calificarse de democrático. Por ejemplo, Przeworski establece que una democracia es el régimen en el que los partidos en el poder pierden elecciones. Es decir, que hay partidos, hay elecciones y hay posibilidad de que los partidos que gobiernan estén en la oposición. Si esto se cumple, es un régimen democrático. En el caso de las definiciones sustantivas, existe una serie de criterios mínimos que tiene que contar un régimen en materia de respeto a derechos individuales y colectivos para ser democrático. Dahl, establecía que una poliarquía (o democracia) debía cumplir entre 9 y 11 condiciones (según la edición) para poder considerarse tal. Estas últimas definiciones permite no restringirse a categorías excluyentes, democrático o no, si no hacer una escala continua en función de cuantos requisitos cumple de menos a más democrático. Tales son las clasificaciones de Polity IV o Freedom House.

Evidentemente las escalas continuas tienen sus problemas, ya que tampoco se establece una jerarquía entre las condiciones, si no que simplemente se agregan. ¿Es comparable la libertad de prensa, el derecho a la vida o el derecho a voto? Las instrumentales son más concretas pero no permiten distinguir la “calidad” de un sistema democrático, lo que es una cuestión normativa. ¿Qué régimen es más democrático, el que tiene más democracia directa? ¿Es mejor un régimen en el que hay alta participación en las elecciones? Por ello, podemos ver que cada posibilidad tiene pros y contras. Podríamos pensar que Venezuela es una democracia porque el partido en el poder puede perder las elecciones, pero cuando se expulsan periodistas del país uno empieza a tener dudas. ¿Y que ocurre con Rusia, Afganistán o Irak? Atendiendo al caso de Irán, es evidente que existe un sistema institucional complejo, con elecciones para primer ministro (Presidente), al Parlamento y a una Asamblea de Expertos que eligen al líder supremo (Jefe de Estado). Por lo tanto, que existe un componente democrático. Pero no podemos decir que sea libre si el Consejo de Guardianes puede vetar las candidaturas que considera desviadas de la ideología del régimen, si se amenaza y expulsa periodistas, si hay censura. En China también se vota… al PCCh.

Así que condiciones o clasificaciones de los regímenes democráticos puede haber muchas, pero está claro que Irán no cumple los mínimos. Golder señala que, curiosamente, los regímenes autoritarios/ totalitarios en los que se celebran más elecciones son los que sobreviven más en el tiempo. Quizás porque en el siglo XXI la legitimidad de la democracia se presenta como la justa a la par que la más fácil de pervertir.

viernes, 12 de junio de 2009

Elecciones Europeas

Con un calor sofocante, me vuelvo a Barcelona después de unas mini-vacaciones a norte y sur del país. En estos días se han celebrado los comicios europeos, sobre los que ya han corrido ríos de tinta. Todo el mundo ha dicho ya lo suyo y yo llego tarde. En todo caso, explicito la evidencia: de manera incontestable, el Partido Popular ha ganado las elecciones. Primero, expondré cual creo que han sido las causas de esta victoria. Después, hablaré sobre si son extrapolables o no a un cambio de ciclo electoral.

En primer lugar, centremos el contexto de la elección. Las elecciones europeas se tratan de lo que denominamos en Ciencia Política elecciones de segundo orden. Dado que los ciudadanos le dan menos importancia a estas elecciones que a las generales, se suelen cumplir tres situaciones de manera regular. La primera, que la participación es más baja que en otros comicios. La segunda, que los ciudadanos pueden votar con mayor libertad sus preferencias iniciales, ya que ni ponen ni quitan gobierno ni el sistema electoral perjudica, luego existe menos voto útil. Y tercero, que los ciudadanos se sienten mas libres para amonestar al gobierno, de modo que hay castigo electoral sistemático al partido gobernante. En todo caso, el diferencial de este castigo puede o no hacerle perder las elecciones según el respaldo que reciban los otros partidos. ¿Cuáles han sido las dinámicas propias de estas elecciones? Al menos cuatro cosas. Evidentemente, que Europa no ha contado nada (nunca lo hace). La segunda, no la crisis, si no la gestión que el Gobierno está haciendo de la crisis llama a castigar al gobierno. Tercera, una desmovilización del electorado socialista y una plena movilización del popular. Y cuarto, una campaña electoral mala del PSOE. La señal más clara, el 92% de los electores conocían el candidato del PP pero sólo el 74% el de los socialistas (CIS) a pocos días de las elecciones.

¿En qué medida esto augura un cambio de ciclo, la inminente victoria del Partido Popular? Escasamente se pueden extrapolar los resultados, pero tenemos algunas señales a considerar. Primero, que parece que se termina la anomalía española de que la alta participación perjudica a los partidos de derecha. Ya se vio en las pasadas Generales que donde más participación hubo fue en feudos populares. Es muy posible que la elevada competitividad entre los grandes partidos (muy cercanos en intención en voto) esté espoleando la participación. Un segundo componente es territorial. Los feudos del Partido Popular en Madrid, Valencia y Murcia están más fuertes que nunca, donde el PSOE es un fantasma. Pero los feudos tradicionales socialistas están empezando a acusar el desgaste. En Cataluña la abstención ha sido muy alta y el PSC ha perdido 200.000 votos respecto de las europeas anteriores. En Andalucía la participación ha sido más elevada que en los anteriores comicios y el Partido Popular ha recortado distancias, ganando algo más de 100.000 votos, similar a lo que ocurre en Extremadura. ¿Significa esto que estas comunidades están cambiando su orientación o bien que es un desgaste que se da porque estas elecciones importan menos, y en unas generales volverían a apoyar a Zapatero? Cataluña es un escenario particular, pero Andalucía, comparando con las autonómicas y generales, parece que sí.

En suma, las dinámicas de estas elecciones son complejas y no se pueden extraer conclusiones precipitadas. En cualquier caso, tiene efectos inmediatos. Rajoy será definitivamente el candidato popular a las Generales y el gobierno acusa desgaste a apenas un año de las elecciones. Sin embargo, hasta lo que se ve, parece que los populares tienen bases electorales más sólidas y un electorado más movilizado que los socialistas. Se equivocará el PSOE si no hace una lectura crítica de estos resultados, aunque el triunfalismo al PP se le puede atragantar. Hasta las autonómicas de dentro de dos años (y las catalanas de un año) hay mucho partido.

miércoles, 27 de mayo de 2009

Mi proyecto de tesis

Ya estamos a una semana de la presentación de los Proyectos de Tesis Doctoral ante el Tribunal del Departamento. Los nervios están a flor de piel y cada cual se afana en ultimar (o algunos, incluso en empezar) las líneas maestras de una investigación que nos ocupará los próximos años. Hay proyectos sobre temas muy variados, pero siempre dentro de las cuatro grandes ramas que hay en el Departamento: políticas públicas, teoría política, sociología y comportamiento político. En esta última me ubico yo, y más concretamente, en temas de sistemas electorales. En esta entrada intentaré explicar con sencillez máxima en que consiste mi proyecto de tesis.

Situémonos en unas elecciones al Congreso de los Diputados en España. Como sabemos, el distrito electoral en España es la provincia, implicando que la asignación de los escaños se hace en función de los votos que cada partido obtiene en las mismas. Si nos fijamos en los partidos políticos que compiten en cada provincia en comparación con los que hay en el Congreso, veremos que hay una gran variedad de configuraciones. Por ejemplo, hay partidos (PSOE, PP e IU) que compiten en todas las provincias. Sin embargo, hay otros que se presentan sólo en una provincia (UPN) o en un puñado de ellas (CiU o PNV). Esto genera que, dependiendo de la provincia, uno tenga una oferta electoral u otra. Cuanto más igualada esté la oferta entre los diferentes distritos o provincias, más nacionalizado estará el sistema de partidos, mientras que cuanto más diferente sea entre distritos, menos lo estará. Un ejemplo paradigmático de gran nacionalización es Alemania, donde en cada länd compiten exactamente los mismos cinco partidos. Un extremo en el otro sentido es Bélgica, donde hay una división entre flamencos y valones que hace que haya un partido socialista flamenco, uno valón, unos liberales flamencos, unos valones… y así sucesivamente. Por lo tanto, estar en una u otra región implica que la oferta de partidos que tienes es completamente diferente.

De entrada, la literatura de sistemas electorales ha explicado mucho lo que ocurre dentro de un distrito, pero no lo que pasa entre los distritos. Es decir, que se sabe por qué la gente hace, por ejemplo, el voto útil entre un candidato de IU y PSOE (por volver a España) pero no sabemos por qué razón el PSOE de Cantabria, de La Rioja, de Málaga… deciden integrarse en una sola organización a nivel nacional. Cuando pensamos a nivel europeo, uno intuitivamente podría pensar que todo se explica por la diversidad cultural, lingüística… dentro del país. Es decir, es más lógico que los conservadores navarros estén fuera del PP nacional que los de Albacete. Sin embargo, esto no es tan simple puesto que aunque esta diversidad es constante (al menos los últimos 30 años), la nacionalización ha descendido mucho recientemente. De media la política en Europa, que la literatura daba como muy nacionalizada, se está reduciendo. ¿Qué explica esta variación? Es decir, ¿Por qué hay una re-territorialización de la oferta electoral? La idea principal que quiero demostrar es que la variación cultural es condición necesaria pero no suficiente para explicar la nacionalización. Mi idea es que las instituciones importan.

Las reglas que se diseñen para la competición electoral tenderán a favorecer que se formen organizaciones de ámbito nacional o bien que los partidos prefieran competir independientemente desde cada distrito. Algunas de estas instituciones que lo favorecen pueden ser externas a la organización (como un sistema presidencial, barreras electorales mínimas, monocameralismo) o internas (descentralización del funcionamiento del partido, por ejemplo). En este sentido, casi nada se ha comprobado, salvo que hay relación entre un estado descentralizado y una menor nacionalización. Sin embargo, sin saber que causa qué con claridad, es un campo en el que hay tanto que explorar... Desde las causas hasta los efectos.

Y este viene a ser el tema que me ocupará los próximos tres años de mi vida. Bueno, suena un poco bestia pero también espero ir haciendo otras cosas de provecho; ir publicando artículos de tanto en tanto, impartir clases en la licenciatura y alguna estancia en el extranjero. Creo que esto me gusta cada vez más.

miércoles, 13 de mayo de 2009

El suicidio

Durante esta comida ha surgido el tema del suicidio, y de cómo determinados países tenían una mayores tasas que otros. De hecho, no deja de resultar paradójico que sean los países nórdicos, a la cabeza en el Indice de Desarrollo Humano, donde más personas deciden poner fin a su vida. De forma que Finlandia, Dinamarca, Suiza, Austria, Alemania, Francia, Suecia… triplican en sus tasas a países como España, Portugal, Grecia, e Italia. Este hecho me ha generado la inquietud de saber cómo estamos en España si comparamos las comunidades autónomas, así que me he puesto manos a la obra.


Los datos que os muestro en el gráfico hacen referencia a las tasas de suicidios ponderada por población europea para el año 2006. La distribución es la que sigue. Las tasas más altas están en Asturias, Andalucía, Galicia, La Rioja y Canarias. Luego tenemos una extensa zona que comprende las comunidades de Extremadura, Castilla La Mancha, Valencia, Navarra, Castilla y León, y Baleares, que están sobre la media. Y finalmente, Cataluña, País Vasco, Cantabria y Madrid, con las tasas más bajas. ¿Qué explica las tasas de suicidio? Se pueden pensar en diferentes mecanismos individuales. Una situación sentimental complicada (viudos o divorciados) o inestabilidad laboral (temporalidad en el empleo o paro estructural), tanto como dificultades personales (personas poco sociales, enfermos crónicos…). También algunos factores macro pueden influir, como una baja densidad poblacional, ambientes rurales opresivos o un clima desagradable. Hemos de fijarnos en estos últimos, al igual que en las tasas globales de paro, renta per cápita u ocupación para acercarnos a la respuesta. A priori, parece que la riqueza es un elemento que desincentiva el suicidio, pero hay dos excepciones. Por una parte, La Rioja, que es rica y la gente se suicida mucho y Baleares, donde también hay un exceso para su notable nivel de vida.





Esto me está planteando una duda seria. En Europa sabemos que en los países ricos hay más suicidios que en los pobres. Por el contrario, en España, en las CCAA ricas hay menos, y la tendencia casi se invierte. ¿Qué es lo que está ocurriendo? En la comparativa por género, las mujeres tienden a menores tasas de suicidio que los hombres. La gente tiende a suicidarse más en verano que en invierno, y también es más frecuente en los tiempos de crisis que en los de expansión económica, lógico, si se piensa en los efectos económicos. En general, también hay un aumento de los suicidios desde que se disponen de datos hasta nuestros días. Sin embargo, es posible que se deba a que progresivamente las administraciones han sido menos opacas sobre la cuestión, sin que podamos descartar tal tendencia.

Termino con una reflexión. Es difícil evaluar en que lugares del mundo se vive mejor y en cuales peor. Sin embargo, un indicador objetivo del que disponemos pero apenas hablamos (por tabú social) es de las propias ganas de vivir de sus habitantes. Sería como decir cual es la sociedad menos mala para pasar tu existencia, es decir, en cual menos habitantes se ven atrapados sin esperanzas de futuro (hasta el punto de suicidarse). En España parece que se vive mejor que en otros lugares de Europa, pese a que somos más pobres. Sin embargo, en España, la situación se revierte. No es posible extrapolar a datos individuales los generales sin incurrir en una falacia ecológica, pero algo parece apuntar lo antes dicho. Eso de que el dinero da la felicidad, de momento, no está tan claro.

lunes, 11 de mayo de 2009

La varita mágica del Partido Popular

Esta mañana, y dado que a mi me gusta comenzar la semana con energía, me he leído el “Plan de Reformas Estructurales” que propone el Partido popular para salir de la crisis. Las del gobierno están resumidas en la página web del Plan E incluyendo todas las reformas económicas que ha elaborado el gobierno desde que llegó al poder en 2004 (si a alguien le interesan). En general, en la opinión pública(da) se ha instalado la idea de que un gran pacto de Estado sobre la Economía es la única vía para salir del atolladero, pero yo estoy muy en contra. Nuestros representantes no son meros gestores, también son estadistas. Y aunque se puedan llegar a acuerdos en otras materias, el nivel de intervencionismo económico es un elemento crucial para distinguir a los gobiernos de izquierdas de los de derechas. Un gobierno no sacará a un país de la crisis, porque no puede, pero principios justos y gestores eficientes pueden sentar las bases de una pronta recuperación.

Como iba diciendo, hoy me he leído las propuestas del Partido Popular, que se jacta de que si ellos gobernaran o bien las cosas se harían mucho mejor o bien “nunca se hubiera entrado en esta crisis” (Aznar dixit, testiculamen máximus hispaniorum). Pero mi impresión general es que ellos no tienen precisamente la varita mágica para salir de la crisis. Y para ello sólo hay que seguir las líneas que plantea el documento. Empieza con un sonoro plan de austeridad en las Administraciones públicas que limitaría el gasto público al 2% de déficit y que fijaría un techo de gasto en las CCAA y ayuntamientos. La primera medida no engaña y muestra que si ante el mero inicio del retroceso de la economía se incurrió en un 0,5% de déficit, es un nivel de contención del gasto insostenible sin recortar de otras partidas presupuestarias. De cuales, no se especifica. Y eso que dicen que quieren “mantener las políticas sociales y el gasto productivo”. Sobre el techo de gasto a otras AAPP, recordar que ello supone una invasión de competencias por el Estado, pero como se trataría de un “Plan”, es lo mismo que decir nada. Sobre la reestructuración del sistema financiero, se propone sistemas de mejora del control y supervisión de las instituciones financieras siguiendo recomendaciones del FMI y la OCDE. Nada nuevo bajo el sol.

Vamos a las reformas fiscales, que tienen más jugo. Sobre el apoyo a las familias, la primera en la frente. Ampliar la deducción por vivienda del 15% al 25%. ¡Cuando todos los expertos están de acuerdo en que esa deducción es una de las causantes del incremento de los precios y la burbuja especulativa! Luego, por supuesto, una deducción del 10% del IRPF del ahorro a medio y largo plazo. Es decir, reducción de ingresos del Estado (incremento previsible del déficit), bajada de impuestos a los que tiene más excedentes de capital (clases acomodadas y altas) y error en el diagnóstico. La existencia de una sequía en los créditos no viene de una falta de liquidez si no de confianza. Las medidas sobre morosidad me gustan más. Creación de una línea ICO para dar liquidez a las AAPP para pagar proveedores o que los autónomos no paguen IVA hasta cobrar sus facturas son medidas de gestión urgente que insuflarían de oxígeno a las empresas asfixiadas en sus pagos. Se proponen también otras exenciones temporales en el pago de impuestos para autónomos, PYMES… que necesitaría conocer en más detalle para poder enjuiciar. Por ejemplo, no pinta mal la exención de dos años en el pago del impuesto de matriculación. Pero eso, de nuevo, requeriría el compromiso de incurrir en déficit.

La reforma del mercado laboral y de pensiones se propone, pero no puede ser más inconcreta. Reunión con sindicatos, fomento de la contratación indefinida, Pacto de Toledo… De modo que o bien no tienen ni idea de cómo afrontar ese tema o bien no se atreven a decirlo. Como no me creo que sean tontos, estoy seguro de que la razón es la segunda. Así que les reprocho su cobardía. Si de verdad quieren ser alternativa, que den un paso al frente en vez de esperar a que el gobierno se queme solo. Porque las encuestas ya les demuestran que con esperar no es suficiente. Me gusta la idea de un Plan Energético, que reconocen instar de acuerdo con CiU, y aunque es ambiguo, plantea cuestiones interesantes sobre la sostenibilidad energética de España. Increíble por otro lado la evanescencia de las medidas en I +D, de las que la única original es la de crear un marco fiscal atractivo para empresas tecnológicas. Más deducciones, vamos. La propuesta de restaurar la unidad de Mercado es una tontería solemne, mientras que en la de educación puntos clave son “el bilingüismo real” en España y restaurar la “disciplina y el esfuerzo”. ¿Qué tiene que ver el tocino con la velocidad? Igual que prohibir las regularizaciones masivas de inmigrantes por ley u obligar a pactar la financiación de las CCAA de manera multilateral. Ya se sabe, si cuela, cuela.

Resumiendo: aunque algunas medidas son razonables, como Plan Energético, liquidez en pago a acreedores… en general viene a ser “he venido a hablar de mi libro”. Bajadas de impuestos y de lo demás, no se sabe o no se quiere saber. Y eso que sabemos que la capacidad de estímulo de la economía de las bajadas de impuestos es la mitad que la que tiene el efecto multiplicador del gasto público (si se gasta eficientemente). Yo soy el primero que critico al gobierno por su gestión de la crisis, pero una cosa está clara: desde luego el PP no tiene la varita mágica.

jueves, 7 de mayo de 2009

Los partidos de Extrema Derecha

En el seminario de Ciencia Política de hoy hemos tratado (por fin) un tema muy interesante: ¿Qué explica que los trabajadores den un apoyo electoral masivo a los partidos populistas de Extrema Derecha en Europa Occidental? (Daniel Oesch) De entrada, este hecho se ha contrastado. El auge de los partidos de extrema derecha (PED) en Austria con Haider o en Francia con LePen, por citar algunos de los más conocidos. Lo curioso es la paradoja de que los trabajadores, que supone son los más interesados en votar opciones a favor de la redistribución de la renta y servicios sociales, luego opciones de izquierdas, son los que más votan a los PED.

Se plantean tres posibles hipótesis para este cambio. Una es la explicación económica. Los obreros estarían expuestos a una competición con los inmigrantes en términos de salarios, puestos de trabajo o uso del Estado de Bienestar. Esto generaría una reacción proteccionista de su estatus y apoyarían a los partidos más duros con la inmigración. Una segunda hipótesis es la del conflicto cultural. Pudiera darse que la clase obrera, con elevados nivel de orgullo nacional, sintiera que los inmigrantes están desdibujando la cultura propia del país, y por lo tanto que apoyaran a los PED para volver a las “esencias” nacionales. Y una tercera podría ser la de que el auge de los partidos de extrema derecha viene de un voto antisistema, crítico con la clase política establecida. ¿Cuál es la conclusión que nos ofrece el autor? Pues según muestra estadísticamente, los elementos económicos y culturales son los más determinantes en el apoyo a los PED. Pero, los elementos sobre identidad y comunidad son más relevantes para explicar su auge que los que refieren a trabajos y salarios. Es decir, que la xenofobia es más importante que una concepción materialista.

Estas conclusiones son sugerentes pero conviene tomarlas con cautela. Una de las pegas es la del control de dos variables que son cruciales, según mi modo de ver: educación y orgullo nacional. Sobre la educación, puede darse que sean los menos educados los que tiendan a tener un discurso más xenófobo y, dado que la clase trabajadora es la que tiene menores niveles educativos, se trate de un efecto espurio. Un segundo elemento es el que refiere al orgullo nacional. Es posible que las personas más nacionalistas sean también las que están más concentradas en las clases trabajadoras (pasa en España, por ejemplo) y que sean las más permeables a un discurso del miedo sobre la identidad cultural. Más aún, puede que haya un problema de multicolinealidad (que esté todo junto a la vez) entre las personas menos educadas y las más nacionalistas. Es decir, que los obreros sean de manera sistemática los menos educados y los más nacionalistas. Una posible solución puede ser el refinar o descartar el uso de la clase social. Desde mi punto de vista, la clase social tiene una utilidad muy limitada, ya que es un constructo científico artificial. Un nivel educativo es demostrable, una clase social… a gusto del consumidor.

En todo caso, creo que ha sido un forum muy interesante porque nos abre el camino a una reflexión sobre los PED en Europa. Un fenómeno que aún no ha aparecido en España pero que está por llegar. En otros lugares ha surgido tras el paso de varias generaciones de inmigrantes establecidos y aquí la inmigración aún es algo novedoso. Pero existe una importante miasma de personas que los apoyará masivamente. Sumado esto a lo fácil que cala un discurso populista y los bajos niveles de interés e información política de nuestro país… Es para echarse a temblar.

viernes, 24 de abril de 2009

El estanque catalán

Uno de los artículos clásicos que se nos hace leer en ciencia política es el de Joan Font; “El pez grande se come al chico”. Las principales aportaciones del artículo es que el gobernar o no en una CCAA no supone una ventaja añadida electoralmente, aunque en su primera legislatura sí que lo es por dar el referente de una nueva manera de gobernar. Sin embargo, la aportación más relevante es que dentro de los gobiernos de coalición se produce una transferencia de votos de los socios minoritarios al cabeza de la coalición. El grande se come al chico.

Un corolario de esta asunción es que la coalición tiene en sí misma la semilla de su destrucción. Los votos de los partidos minoritarios irían al socio mayor, dejándole margen para gobernar en solitario. Ello puede ser así en contextos en los que el trasvase de votos entre el socio menor y el mayor sea posible en un contexto de proximidad ideológica. Es decir, en un espacio de competición unidimensional, los votantes de IU podrían apoyar al PSOE para premiar su buena gestión. Sin embargo en espacios multidimensionales, como el catalán, esto es más complicado. Pese a que puede haber un trasvase de votos entre socios, dependerá de que el votante los alinee en un mismo eje de competición. Por ejemplo, si el PSC va a ser premiado como cara visible del tripartito por los votantes de ERC, se debe asumir que estos priorizan el eje de clase y no el nacionalista. Si esto no se cumple, el trasvase de votos es poco probable (hablando de elecciones en CCAA, importante centrar la arena de competición). La existencia de un espacio multidimensional y con gran pluralismo en la oferta partidista dificulta el cumplimiento de estas tesis. En todo caso, es factible pensar que en las últimas elecciones catalanas, parte del electorado del PSC se fue a ICV para garantizar la reedición del gobierno de coalición.

Para que sea posible la reedición de la coalición en Cataluña es fundamental que el apoyo electoral a la misma, como poco, no se desplome. Y para ello lo importante es que, si el PSC aumenta su representación, esta sea capaz de compensar la caída de sus otros socios. La prueba más evidente es Galicia, donde el PP ha recuperado la mayoría absoluta no porque el PSOE perdiera representación (aunque si votos) si no porque el BNG perdió un escaño. Pues bien, en Cataluña los sondeos apuntan a que ERC e ICV se van a desplomar electoralmente más allá de lo que el PSC podrá compensar. ERC tiene problemas internos derivados de la lucha entre el sector más independentista (Carretero) y el más posibilista (Carod- Puigcercos). Incluso el primer sector podría escindirse, formando un partido propio. De la misma manera, una parte de su electorado está descontenta con su “entreguismo” como partido de gestión. ICV caerá, principalmente, por la gestión de su cabeza de lista como Conseller de Interior. Como ya he dicho en otras ocasiones, me parece que este es el primer partido que lanza a los mossos contra sus potenciales votantes. Es muy posible que con Saura como candidato pasen por serias dificultades.

Si bien hay pluralidad de encuestas (algunas dicen que es el socio mayoritario el que retrocede a favor de CiU) es evidente que son los socios menores los que tendrán mayores dificultades en los próximos comicios. Ante esta situación, los convergentes están afilando los dientes, a la espera de volver a ocupar el Palacio de la plaza Sant Jaume. Sin embargo hay que ser paciente. Estas encuestas no se han hecho en un contexto de confrontación electoral y mucho puede cambiar de aquí a un año. Lo que si es interesante es la tendencia que apuntan y que deberían poner sobre aviso a los responsables de campaña de los partidos en el gobierno. Como el pez grande se coma demasiado a los chicos, el primero morirá de empacho y los segundos, de inacción. Para beneficio de los tiburones.

jueves, 2 de abril de 2009

A favor de las ciencias sociales

Cuando a alguien le hablan de ciencias sociales de inmediato arqueará una ceja con escepticismo. ¿Ciencias sociales? Lo siento, pero no me viene. Y en cierta medida es algo normal porque muchas veces somos los propios miembros del gremio los que desprestigiamos la importancia de la ciencia en nuestros análisis. La ciencia es ante todo un medio, un vehículo de llegar al conocimiento, más que un fin en sí mismo.

Lo importante de la ciencia es el método. Es decir, que hay una serie de reglas y procedimientos que nos permiten llegar a un conocimiento empírico contrastado. Esto viene a significar varias etapas. Primero, surge una pregunta de investigación. Es decir, que en base a nadie sabe muy bien que (interés personal, por ejemplo) alguien se interesa por un fenómeno social determinado. Y da la casualidad de que se hace una pregunta que tiene interés teórico y práctico. Teórico porque nadie en la disciplina se ha hecho tal pregunta anteriormente (o con ese enfoque o términos) y práctico porque tiene su traducción en una utilidad social, política… Se formula de manera que el principal interés del científico es, más que describir, explicar. Para ello muchas veces ayuda el aproximarse a las paradojas que nos rodean, que suelen encerrar preguntas interesantes. Es decir, observar realidades extrañas y contrarias al sentido común para explicarlas. Por ejemplo: se sabe que la probabilidad de que un novio reutilice su traje de boda (un esmoquin ordinario) es muy superior a la de la novia (que se pone sólo una vez). Sin embargo, la novia se gasta 10 veces más en el traje que el novio. ¿Por qué pasa eso? Pues bien, extrapolado a las ciencias sociales, las paradojas abren camino a las buenas preguntas.

Tras ello, los científicos sociales (después de un extenso repaso de lo que se ha tratado sobre el tema) plantean hipótesis. Es decir, asociación entre elementos que pueden explicar el valor que adopta lo que se quiere explicar. Por ejemplo: la socialización tradicional de las mujeres hace que le den una gran importancia al día de su boda (por su vinculación con la fundación de un hogar) y que no les importe gastar más dinero en su traje por su simbolismo. En general, por lo tanto, tenemos lo que llamamos una variable independiente, una dependiente y un mecanismo causal. Una independiente que es la causa, una dependiente que es la consecuencia y un mecanismo causal, que es la explicación que conecta ambas. Pero ¿Cómo saber que hipótesis es la correcta? Para ello nos basamos en el principio de falsabilidad. Es decir, que una hipótesis debe poderse contrastar, asumiendo que es falsa a priori. Para ello es necesario que haya variación en las variables. Con el mismo ejemplo; necesito que haya mujeres que se hayan socializado en un entorno tradicional y otras que no. Necesito que haya mujeres que se gasten más y otras que se gasten menos en su traje de novia. Si veo que las mujeres de socialización tradicional se asocian con un gasto mayor en el traje de novia, y además puedo dar una explicación plausible de por qué ocurre esto, podré aceptar que mi hipótesis es la correcta.

Por supuesto, las ciencias sociales tienen límites. Por un lado, los fenómenos humanos son impredecibles; podemos atisbar tendencias, pero no se puede ser determinista. Además, diferentes enfoques limitan nuestra aproximación a los fenómenos y estos mismos son complejos. Muchas veces vemos pinceladas en el cuadro pero tenemos el riesgo de perdernos el conjunto de la historia. Muchas veces hay gran inflación de términos (llamamos las mismas cosas de maneras diferentes) y gran confusión. Y sin embargo, los peores enemigos que tienen las ciencias sociales son aquellos que, alegando que la promueven, lo que hacen son ideologías sobre enfoques asumidos a priori. Gente que empaqueta con cuatro datos su visión del mundo y, puesto que publican, ya creen que hacen ciencia. La diferencia no estriba en las técnicas empleadas. Ya se sea cuantitativo (con numeritos) o cualitativo (con textos, entrevistas…) la diferencia no estriba ahí. La verdadera piedra de toque está entre los que hacen ciencia y los que no. Los que tienen el método como guía y los que lo tienen como pretexto.