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martes, 29 de junio de 2010

Prohibir el burka no soluciona nada

La polémica sobre la prohibición del burka y el niqab está de rabiosa actualidad y el tema continuará coleando a medida nuevos municipios continúen vetando su uso en las instalaciones públicas. De hecho, fuentes ministeriales han asegurado que en la “Ley de Libertad Religiosa” se realizará una limitación de su uso. Incluso el Partido Popular, que siempre va un paso más allá en estos temas, ha planteado incluso la completa supresión del burka en las calles. La medida de la prohibición ha suscitado, por tanto, un consenso entre partidos de muy diferentes ideologías. Pese a esto, y sin querer entrar en el fondo del significado que tiene el burka y el niqab dentro y fuera del Islam, creo que la prohibición tiene poco fundamento y hasta puede ser contraproducente.

El primer argumento por el que se debería prohibir el burka en las instalaciones públicas es, según sus promotores, el de la seguridad. Entiendo por lo tanto que se refiere a dos dimensiones. Por una parte, al hecho de que los ropajes puedan facilitar el camuflaje de armas, explosivos u otras sustancias peligrosas que no puedan ser detectadas por las autoridades. La segunda dimensión es la de la identificación de la propia persona, que resulta prácticamente imposible con el atuendo islámico. Sin embargo, la prohibición del burka y niqab tiene difícil cabida aquí. Respecto al primer elemento: ¿Por qué un burka es más fácil transportar y esconder armas que, por ejemplo, en una gabardina, un hábito de sacerdote o una mera mochila? Si este es el problema; ¿No es más lógico hacer controles en los accesos, como en cualquier estación de tren o aeropuerto, que prohibir una tipo muy concreto de prenda? De hecho, el burka o niqab es mucho más minoritario en comparación con las personas que entran con mochila en un ayuntamiento y que podrían potencialmente podrían transportar sustancias peligrosas. Y respecto a la identificación de los ciudadanos, creo que no sería nada difícil el hacer a la portadora del burka que mostrara el rostro cuando tiene que identificarse ante el funcionario público. Porque un policía puede pedirte que te identifiques en cualquier momento, y no pasa nada. Para eso no hace falta prohibir el burka.

Hay un segundo argumento, que es el de los laicistas, que piensan que es lógico que quien esté en una instalación pública no exhiba ningún tipo de símbolo religioso. Este argumento tendría su cabida si se tratase de un modo ecuánime a todas las confesiones religiosas, pero como sabemos no es el caso. ¿No tenemos a los concejales yendo en las procesiones de semana santa y la guardia civil escoltando el Sepulcro? De hecho, se prohíbe el burka pero no se prohíbe el portar ningún otro símbolo religioso, como los sombreros negros del judaísmo o los crucifijos de los cristianos. Ya me he posicionado un montón de veces a favor de la separación Iglesia-Estado, pero dudo que esta medida vaya en esta dirección. A mi modo de ver sólo se pude justificar en base a dos principios. O el individuo es Estado, y por lo tanto, no puede llevar ningún distintivo religioso (sería el caso de los funcionarios, que deberían ir uniformados). O bien el individuo está bajo un régimen de tutela especial por parte del Estado (como en los niños en las escuelas, por ejemplo, en el que el Estado ejerce de tutor). Este último punto sería más polémico, pero desde luego no se ajusta a la prohibición actual.

El último argumento es el de que el burka debe ser prohibido por ser un símbolo de explotación y dominación de la mujer. Aunque prohibir los símbolos es relevante, en este caso puede ser muy peligroso. Si se prohíbe el burka, la mujer es probable que termine sin salir de casa por presión del marido y no vaya ni a la escuela, ni al mercado y a las oficinas de atención al cliente. En resumen, que no se soluciona el problema, sino que se lo invisibiliza. ¿No será mejor mantener interlocución con los miembros moderados de esas comunidades? ¿No será mejor hacer obligatoria para estas mujeres la educación, así como talleres especiales de adaptación? ¿No será mejor ofrecerles ayudas a la emancipación si así desean hacerlo, en la línea de lo que se hace con las mujeres maltratadas? Desde luego, la prohibición es una estrategia que lejos de solucionar nada, sólo oculta el problema y de paso, permite arañar algunos votos xenófobos.


martes, 4 de mayo de 2010

Delincuencia e inmigración: el falso mito

(Artículo publicado en la Tribuna de Opinión del diario "La Rioja" el 5 de mayo de 2010)


Recientemente estalló una polémica en Badalona. Allí, la agrupación municipal del Partido Popular repartió unos folletos con el título: «¿Es tu barrio seguro? (.) No queremos rumanos». Aunque la dirección nacional se ha desmarcado, su candidato, García Albiol, insistió en defender las tesis de tal panfleto. Por desgracia, llueve sobre mojado. En España existe una honda raigambre social que vincula a la inmigración con la delincuencia. De hecho, datos de la última encuesta del CIS que trata el tema dice que hasta el 60% de los españoles hace tal vinculación. Sin embargo, criminólogos y sociólogos han demostrado ampliamente hasta qué punto estas asociaciones son inciertas.


Lo primero que hay que hacer es poner en cuarentena los datos oficiales de delincuencia ya que sólo computan los delitos denunciados. La evasión fiscal, por ejemplo, es tan delito como el robo, pero es más improbable que se denuncie la primera que la segunda. Es decir, hay un sesgo que hace que consten más los delitos 'menores' que los de 'guante blanco'. Otra cautela hace referencia a las estadísticas de detenciones. Está bastante extendido que el 50% de las personas detenidas en España son inmigrantes. Ese dato, en bruto, es cierto. Pero si se descomponen las razones de la detención, se da la paradoja de que casi la mitad de los inmigrantes detenidos lo son por estancia ilegal. Y este motivo se trata de un problema administrativo, no penal. Si nos atenemos a los delitos efectivos, stricto sensu, alrededor de un cuarto de la población reclusa es inmigrante y de ésta, aproximadamente la mitad a su vez es residente permanente en España. Así, nos encontramos con que la población reclusa real de origen inmigrante (legal e ilegalmente residiendo en España) es de aproximadamente el 15%. Menudo cambio.


Pero pensemos por un momento en lo que llamamos relaciones espurias, que se dan cuando hay un elemento oculto que no hemos considerado pero que es el realmente explicativo. Por ejemplo, la edad. Existe una correlación muy intensa entre 20 y 30 años y cometer un delito. Curiosamente, dos terceras partes de la población inmigrante se encuentra en esa franja de edad. Algo similar ocurre con tener menor nivel socio-económico. Y aunque no hay una asociación perfecta entre pobreza y delincuencia, ésta sí que condiciona determinados tipos de delitos frente a otro. Volviendo al ejemplo anterior, los más pobres quedan restringidos a robar en una casa, que son los que constan en las estadísticas. Los que son más ricos saben hacer que sus delitos no consten. Evidentemente, la pobreza no justifica el delito, pero sí explica la visibilidad de la criminalidad en el colectivo inmigrante.


Pero todavía podemos ir más allá. La inmigración en España es de carácter muy diverso, pero las autoridades suelen ser poco sensibles a su diversidad, tratándola como un solo colectivo. Y dado que se la considera potencial foco de riesgo delictivo es sometida a mucho más control y vigilancia por las fuerzas de seguridad. Esto genera que aumenten sus niveles de detención y encarcelamiento. No necesariamente porque cometan más delitos sino porque, al estar más vigilados, son más frecuentemente atrapados que los autóctonos que cometen la misma falta. Así se termina reforzando una profecía (los inmigrantes delinquen más) que se autocumple.


Aunque en España no ha terminado de cuajar el discurso racista en la política, sí es verdad que existe una importante corriente de fondo construida sobre el miedo y la desconfianza. Un filón que sin duda oportunistas, demagogos y populistas aprovechan o intentarán aprovechar en un futuro. Obviando el papel crucial que la inmigración ha tenido para levantarnos la economía, cuando hay dificultades se recurre a la clásica estrategia de culpar al más débil. Sin embargo, hay que ser comprometido y plantar cara a tales esfuerzos. No nos debemos dejar manipular por quienes quieren sacar partido de la división, la xenofobia y el miedo. Eso sí que tendría delito.

jueves, 25 de marzo de 2010

En tiempo de descuento

Como habéis podido constatar la cosa ha estado un poco parada en el blog unos cuantos días. La razón es fácil: la partida a Canadá es inminente y los preparativos se han juntado con la Graduate Conference de la semana pasada y las fiestas de San José en Arnedo. Permitidme que os exponga una pequeña crónica de estas pasadas semanas.

La Graduate Conference tuvo lugar en la UPF desde el jueves pasado. Se trata de una conferencia de estudiantes de doctorando de diversas universidades hermanadas (Humboldt de Berlín, London School of Economics, Instituto Europeo de Florencia, CEU de Budapest, Science Po de París, Instituto de Ciencias Humanas de Florencia y la nuestra misma) donde los estudiantes presentan partes de su investigación para comentarlas, recibir críticas y sugerencias. Todo ello, claro está, en grupos de trabajo especializados. Más allá de estas cuestiones académicas, al final se trata de un centenar de estudiantes y profesores a gastos pagados pasando un fin de semana estupendo en Barcelona. ¿Momentos reseñables? Mítica la visita institucional al Parlament de Cataluña en la que el guía (muy catalán) hablaba en castellano mientras que Gerardo (mexicano) iba traduciendo de manera simultanea al inglés. Digno de Berlanga. Y mítica la cena del viernes, en la que los platos fueron bastante de diseño (ergo pequeños) pero el vino corrió generosamente. Ya hacia el final llevé a unos aguerridos supervivientes de la escuela alemana a hacer observación participante de la noche barcelonesa con etílicos resultados.

Por supuesto, al día siguiente me quedé dormido y perdí el autobús para volver al pueblo, así que tuve que hacer malabarismos con ALSA. Así y todo pude llegar a tiempo para coger el tren en Zaragoza y poner rumbo a las fiestas. Allí las cosas siguen como siempre, así que dispuse de sábado y domingo para despedirme bien de la mayoría de amigos y parientes. Mis amigos tuvieron el inesperado detalle de traerme una tarta con una dedicatoria original (“Escriba su frase aquí….”) y al final pude sobrevivir toda la noche, aunque con una parada ténica, y parte de la mañana (entraba en la cama a las 11:11), con bocadillo SPAR y bravas del “Imperia” incluidas. Me he quedado en casa el lunes y el martes con madre, terminando de solucionar algunos asuntos logísticos ligados a la idea de sobrevivir a 0º de temperatura y con nevadas continuas. Me he vuelto a Barcelona con las maletas prácticamente montadas a falta de un par de lavados, dólares canadienses a gogó, tarjetas varias, temas sanitarios resueltos y con impaciencia por largarme ya. Algo se me olvidará (porque es seña de identidad de la casa) pero en teoría está todo listo para salir el próximo martes.

No se si haré alguna entrada más lo que queda de mes porque ahora me espera una plétora de despedidas. ¡Cuanto teatro para sólo 5 meses! ¡Si se pasan volando! Pero bueno, habrá que darse un gustazo antes de dejar la ciudad. Desde el blog iré contando noticias de la vida en Montreal, por lo que casi seguro haré más entradas narrando historias (al modo viaje a Ljubljana) que de otro tipo. Así también me ahorro hacer correos multi-dirigidos contando historias larguísimas que no interesan a la mitad de los receptores. Las dejo en el blog y que las lea quien le interese sin saturar las bandejas de entrada. A los que no os veo ya, cuidaros mucho en mi ausencia. Y si os animáis, ya sabéis por donde paro…

martes, 9 de marzo de 2010

¿A quién corresponde el espacio público?

Hay un tema que me preocupa un poco, porque no se exactamente cual es mi opinión sobre el tema. Así que más que pontificar, como hago normalmente, me gustaría lanzar algunas ideas al aire. Toda la reflexión surge a raíz de los recientes abucheos a personalidades públicas (Rosa Díez o Jose María Aznar) y las manifestaciones espontáneas de la ciudadanía.

Primero voy a decir que respecto a los abucheos, ya se sabe perfectamente quienes están detrás de ellos. Ya denuncié en su día cuando se boicoteó la intervención de una diputada popular en la propia UPF. No son más que algunos estudiantes que se apropian del ámbito público retirando carteles que no les gustan o reventando charlas de gente que tenga ideas contrarias son los que van detrás. No creo que sea positivo, ni para la convivencia en la universidad (que entiendo que tiene que ser un espacio de libre intercambio de ideas) ni tampoco para los fines políticos de esos grupos (ya que alienta el victimismo de los perjudicados, que tan poco se preocupan por las libertades de otros). Sólo hay que ver lo poco que ha tardado Rosa Díez en denunciar el “totalitarismo” de los jóvenes catalanes y la “falta de libertad” en Cataluña, como en el “País Vasco”. Ya está pidiendo acciones legales y actuación policial.

Precisamente con eso se liga mi preocupación. Por ejemplo, si un día ves a un político que no te gusta, no creo que sea ningún problema abuchearlo (o aplaudirle). Oiga, es el espacio público, y puedo expresarme como quiera. Los que se rasgan las vestiduras con Aznar no se quejan cuando en el 12 de Octubre abuchean a Zapatero. Bueno, es el espacio público, y parece que es de todos ¿No? El otro día, en la manifestación de los Pro-vida, un grupo de mujeres a favor del aborto colgaron pancartas frente a ellos. Dejando de lado la reacción de los Pro-vida (que, al menos los que estaban allí, estaban por la vida pero no por la no-violencia): ¿Es ilícito hacerlo? Parece que hay dos argumentos enfrentados. Uno podría decir: “Mira, frente a la apropiación del espacio público por parte de algunos grupos hace falta una ciudadanía activa que no les deje. Y, por eso mismo, uno puede hacer aquellas actividades no violentas donde quiera y como quiera”. Pero otro podría argumentar: “Como la manifestación es un derecho individual, lo apropiado es respetar ese derecho. No es ni justo ni inteligente el intervenir: generarás follón y conculcas el derecho a expresarse de los demás”. Parece que entre estos dos polos hay una tensión imposible de resolver.

Está claro que en el caso del político que va a la universidad, por ejemplo, es poco grave. El sujeto saca tajada política (incluso saca un dedito) y dispone de unos medios de comunicación que dan continuado altavoz a su discurso. Sus ideas andan lejos de estar en peligro (siempre, por descontado, con el respeto a la vida). Pero muchos otros ni siquiera tienen un espacio para sus ideas en el ágora pública. ¿No pueden expresarse fuera de los canales institucionales? No se. Insisto, no tengo una posición clara sobre el tema. No simpatizo con reventar conferencias, y menos con quienes lo hacen, pero, por ejemplo: ¿Ante una manifestación de ultra-derecha, debemos quedarnos impasibles? ¿No corresponde al ciudadano coger el testigo ante un estado que tiene el deber de garantizar que todas las ideas se puedan expresar?

jueves, 4 de marzo de 2010

La reforma del mercado laboral

Tras el asunto aquel del contrato que propone la CEOE sin indemnización por despido para los jóvenes (ya, teóricamente, retirado) y discutiendo con Luis Ortiz (sociólogo del departamento) vía Facebook de en que iba a quedar el mercado laboral español tras toda esta crisis. Y ciertamente el panorama es bastante desolador, aunque Luis dio bastante en el clavo con su diagnóstico.

Primero, el estado de la cuestión. El mercado laboral español es un mercado que denominamos dual. Por un lado hay un grupo de trabajadores con pleno reconocimiento de derechos laborales, contratación fija, con fuertes costes de despido generalmente concentrados en empresas públicas, semi-públicas o multinacionales. Por el otro hay un colectivo de trabajadores en condiciones precarias con una baja remuneración, con empleos temporales o de obra y servicio, sin apenas derechos y sin coste efectivo de despido (basta con no renovar el contrato), que se encuentran en todos los sectores y subcontratas imaginables. Los primeros coinciden normalmente con la generación del baby- boom (años 60) mientras que los segundos son mayoritariamente jóvenes de menos de 30 años, mujeres o inmigrantes. Los primeros tienen estudios de FP o ni siquiera. Entre los segundos hay miles de licenciados universitarios. Por supuesto, la crisis ha golpeado más duramente a los más desprotegidos. No es lo mismo no renovar un contrato que tener que hacer un ERE. Tasas de desempleo del 42% entre los menores de 28 nos da una idea aproximada de lo que digo.

Segundo, los actores que juegan. Es evidente que la patronal española, que siempre busca competir en bajo coste de la mano de obra, presiona para abaratar el despido y reducir sus cotizaciones. Hasta aquí nada nuevo. Pero el papel más pernicioso a mi juicio lo realizan aquellos que, en teoría, hablan por los trabajadores: los sindicatos. Como estos actores dependen en las elecciones sindicales del voto de los trabajadores de las empresas grandes y por ello, los intereses que mayoritariamente defiende es el de los trabajadores protegidos. Es decir, defiende los intereses de los insiders del sistema. ¿En cuantas empresas pequeñas hay sindicalistas? ¿Cuántos trabajadores en contratos de 6 meses se afilian? ¿Cuántos delegados sindicales inmigrantes hay? Más allá de lo que pueda hacer un delegado sindical en particular, los incentivos están claros a favor de un tipo de trabajador. El gobierno, por su parte, ha decidido que no quiere enfrentarse a los sindicatos de ninguna de las maneras y remolonea con hacer una reforma laboral. La culpa es del modelo productivo, dice, como si la legislación laboral no tuviera nada que ver en las tasas de paro. Grave error.

La solución que valoro consiste en lo que ya he argumentado otras veces: algún tipo de contrato único con un coste de despido menor, que permita incluir a más personas como fijas rebajando la protección de las que ya lo son. Sin embargo, es un dilema del prisionero. Los resultados globales son sub-optimos porque ningún actor quiere colaborar. El gobierno no quiere tocar el tema, porque valora en exceso la “paz social”. Los sindicatos no quieren rebajar la protección de los que ya están fijos, pero siguen apostando por la prejubilación sin saber como reducir la precariedad. Y la CEOE presiona para que, ya que no se puede empeorar a los que están mejor, al menos se precarice más a los más desprotegidos. Resultado: Paro y precariedad para los mismos. Aunque, también hay otro escenario posible. Una abultada mayoría del PP en 2012 y una evolución a la baja en la indemnización para protegidos y desprotegidos. Y a ellos no les va a temblar el pulso.

lunes, 1 de marzo de 2010

El encanto del azar

El otro día, mientras que volvía a casa, me leí un artículo de opinión interesante en el que se prevenía de la tendencia que tienen analistas políticos y periodistas de ver planes e intenciones donde no las hay. Envueltos por la lógica de que la acción en política es instrumental y racional, a menudo pensamos (me incluyo) que aquí nadie da puntada sin hilo. Algo parecido denuncia la sátira de política inglesa “In the Loop” cuando muestra lo absolutamente aleatorias y absurdas que son las decisiones que toman nuestros gobernantes. Al final, la improvisación y lo azaroso terminan siendo lo crucial.

Esto es similar a lo que ocurre en todas nuestra vidas, aunque nos empeñemos en negarlo.
Por ejemplo, en “Mach Point”, esa genial película de Woody Allen, se nos alecciona sobre el como un pequeño suceso insignificante termina por cambiar el destino del protagonista. Ponderemos. Bien cierto es que, si uno llevara esta conclusión hasta sus últimas consecuencias, iríamos a para a un nihilismo destructivo. Nos haría pensar que somos completamente irresponsables de nuestro destino. Sin embargo, negar su existencia implica engañarse a uno mismo porque, a efectos prácticos, somos mucho menos racionales de lo que uno podría pensar y controlamos menos el cotarro de lo que nos gustaría. De hecho, lo típico es que pequeños elementos subconscientes (que es el gran motor del asunto) nos haga optar por unas decisiones sobre otras y luego, con posterioridad, lo racionalicemos. Nadie tiene integradas funciones de utilidad en el cerebro. Lo que ocurre es que luego empleamos ese armazón racional para intentar auto-convencernos de que esa decisión es la mejor posible. De hecho, la mayoría de las veces no hay una razón para la mayoría de las decisiones que tomamos (mayores y menores). Quizás tampoco debe haberla. Lo que si hay es mejores y peores razonamientos para convencernos (a nosotros y a los demás) de que algo es lo mejor.

Por azar es cuando te encuentras las mejores cosas de la vida. Un buen amig@ donde menos lo esperas o la persona con la que, al menos por un tiempo, te gustaría pasar el resto de tu vida. Un libro que ni siquiera sabías que existía, pero que te engancha luego como una mala cosa. Esas cositas que la mayoría busca, pero que no se buscan: se encuentran. Cuanto antes lo interioricemos, más libres seremos para entender el devenir de la vida. Es posible que muchos penséis que he escrito esta entrada porque hoy me ha ocurrido algo inesperado y especial. Nada más lejos de la realidad. Simplemente que, aburrido tras intentar escribir algo sobre José Tomás o Chile (a los que, de corazón, deseo lo mejor), Zapatero o Rosa Díez, he terminado recordando como empecé este blog que tantas satisfacciones me da. Un poco por azar…

viernes, 5 de febrero de 2010

Algunas reflexiones de un doctorando

Durante esta etapa de formación como doctor una de las cosas que más noto es la desconexión que existe entre el endogámico mundo de la Academia y el mundo real. Un ejemplo fue ayer durante el seminario de tesis. La presentación de Irene Lapuerta trató sobre cómo las mujeres utilizaban de manera distinta la reducción de jornada (que permite ampliarla de nuevo en un momento dado) y el contrato a tiempo parcial (que era permanente) tras tener su primer hijo. Esta cuestión, que tiene una relevancia práctica indudable para fomentar la natalidad y los derechos de maternidad fue descalificada por el Sumo Sacerdote de la Sociología. Calificó que este tema era un mero informe para la Generalitat, pero que no estaba conectado con los grandes temas de la literatura. Aunque es cierto que el marco teórico debía desarrollarse; ¿Es que hay que distinguir entre lo que tiene una traducción práctica y un interés social respecto de uno teórico?

Eso lo noto un poco, también, sobre mi propio campo de estudio: los sistemas electorales. A veces partimos de asunciones teóricas que nos sitúan en un plano bien lejos de la utilidad práctica del tema o, a veces, incluso de la realidad. Los sistemas mayoritarios fomentan un sistema de dos partidos dice la Ley de Duverger cuando se cumplen sus supuestos… ¿Cómo va a ocurrir esto si son los de racionalidad a corto plazo de los votantes e información perfecta? ¿Cómo se ha de cumplir la teoría si en la práctica los votantes tienen de todo menos información y racionalidad (en el buen sentido)? Supongo que son dos debates distintos los que mezclo aquí: la traducibilidad del conocimiento generado por la Academia a la sociedad (el plano de Irene) y la propia consistencia de las teorías para explicar la realidad sobre la que, se supone, queremos de alguna manera influir (para mejorar). Publicar, claro está, es importante. Pero, ¿Quién lee nuestras publicaciones fuera del mundo de los académicos? ¿No es lícito el pretender que nuestro conocimiento (y pasión por la ciencia política) mejore la sociedad? Desde luego para esto último como está configurada la cosa no vamos bien…

Pero hay una pequeña válvula de escape para esta frustración, que aunque muchos no se toman en serio, para mí es un balón de oxígeno. La docencia. Para mí hay pocas cosas tan realizadoras como estar transmitiendo conocimientos para que ellos sí apliquen lo que aprenden a la vida real. Para que sean más libres para pensar por sí mismos, creciendo en conocimientos sustantivos tanto como en actitudes frente al trabajo. Luego, claro, hay que luchar en el aula contra esas pequeñas cosas de cada día, a veces sinsabores pero otras alegrías. Pero es un reto de verdad estimulante. De hecho, aunque salgo agotado de las clases, también salgo con el cerebro echando chispas. Plenamente activo. Y eso me gusta.

Las universidades hasta hoy se basaban en la investigación y la docencia. Ahora se nos pide que nuestro conocimiento tenga también una traslación a la sociedad. ¿A través del mundo privado? ¿Organismos semi-públicos? ¿Participando en foros sociales? ¿Desde la base de movimientos sociales, asesorando a partidos o normativas? ¿Escribiendo libros divulgativos? ¿Enseñando? Algún día tendremos que afrontar este debate. Pero de momento, me voy a clase.

jueves, 4 de febrero de 2010

A mi querido Emilio Botín

No sabía sobre que escribir hoy en el blog, pero creo que esta noticia lo merece. “El presidente del Santander, Emilio Botín, ha lanzado varios mensajes de respaldo a las medidas puestas en marcha por el Gobierno para hacer frente a la crisis.” Estupendo. Estas declaraciones las hace Emilio Botín el mismo día que sabemos que su Banco Santander ha ingresado el año pasado 9000 millones de euros, manteniendo intacto su margen de beneficio. Hijo de puta. Lo siento, pero creo que si a Esperanza Aguirre se le escapa alguno de vez en cuando, yo también tengo derecho.

Estaba un poco dándole vueltas al Fondo de Garantía que le dio el gobierno español a los bancos. Es cierto que se trataba de un préstamo, y que por ello se supone que algún día recuperaremos todo el dinero. Por otra parte, quizás se tenía las manos atadas a la hora de hacerlo, pero tengo un par de dudas. La primera es si este crédito me lo hubieran dado a mí si tengo mi empresa en apuros o no puedo financiar mi hipoteca por estar en el paro. Sospecho que no. Y la prueba más palpable es la inoperancia que han tenido los créditos del ICO (que conozco de primera mano) en transferir financiación a las PYMES, que es el verdadero corazón productivo de nuestro país. Eso sí, las grandes empresas no han tenido muchos problemas…Lo que liga un poco con mi segunda duda. ¿No estamos en un sistema capitalista? Hasta lo que yo se, sí, lo que implica un adagio muy sencillo: “el que paga manda”. Puesto que hemos hecho este préstamo, a mi modo de ver podíamos haber hecho dos cosas. Una es coger e imponer condiciones muy duras a los bancos para que ese crédito llegue a familias y empresas. Un compromiso de palabra (como parece haberse hecho) pesa poco cuando hablamos de empresas privadas, que justamente persiguen su propio beneficio. La otra opción es comprar. Comprar participación en los bancos y sentar a representantes del Estado en los Consejos de Administración. Y que, precisamente, de esos 9000 millones de euros, un porcentaje fuera legítimamente del Estado.

¿Sería tan descabellado? No lo se. Otros países tienen participación en la banca o las industrias nacionales (Francia, Alemania, Reino Unido, EEUU) y se parecen poco con una república soviética. ¿No se podría hacer que el Banco de España que actuara como prestamista con tipos de interés más bajos? Al fin y al cabo, el dinero debe fluir, pero no hace falta hacer negocio de ello. El intermediario podría tener una función social y no especulativa. Porque los bancos son los grandes fenicios de nuestro tiempo. Al fin y al cabo, no generan actividad productiva.

¿Me he vuelto comunista? ¿O es simplemente que estoy harto de que me tomen el pelo? ¿Es que en este país a la banca y a la Iglesia no hay quien las toque? Se dice en ciencia política que tenemos “dependencia de la senda”. O lo que es lo mismo, que uno puede operar dentro de los márgenes de las decisiones que adoptó o no en el pasado. Del Franquismo heredamos muchos de los males de nuestro país, pero parece que nadie quiere asumir los costes de meterles mano. Electorales no serán, porque mi opinión no es aislada. Otra cosa es que en este país, como se dice en mi tierra, falten pelotas. Aunque se me ocurren algunas cosas que hacer con las de Emilio Botín…

martes, 26 de enero de 2010

Haití: medios e imperios

La tercera réplica del terremoto de Haití ha terminado de agitar los escombros que había en el suelo, sin apenas variar el dantesco espectáculo de la destrucción de un país entero. Un país sin Estado, similar a Somalia, que ha perdido al 1% de su población. Mientras la ayuda internacional va fluyendo al país como buenamente puede, han surgido un par de polémicas colaterales que me gustaría abordar.

La carne de negro, la más barata

Desde que empezó la catástrofe de Haití, hará un par de semanas, los medios de comunicación españoles se han hartado de poner sus portadas, informativos… imágenes sembradas de cadáveres haitianos. Sin ningún pudor se han visto retroexcavadoras sacando cadáveres junto a escombros, niños en proceso de descomposición, muertos apilados en cada calle. ¿Por qué la crudeza de estas imágenes? Los medios españoles se han justificado sobre la base de remover conciencias solidarias gracias a lo impactante de las imágenes. Sin embargo, yo me pregunto si hubiera cedido lo mismo de haberse tratado de ciudadanos europeos o norteamericanos. Por ejemplo, sin ir más lejos, como en el caso de muchos de los muertos durante el huracán Katrina o el tsunami del sudeste asiático. Si alguien recuerda alguna imagen de dudoso gusto que lo diga, porque no me viene ninguna a la memoria. Y no creo que las aportaciones solidarias (al menos, en el último caso) las hubieran necesitado. La explicación creo que tiene más que ver con dos cosas. La primera es que en Haití no había familiares que pudieran buscar preservar la identidad de sus fallecidos. Y si los había, no eran relevantes frente al morbo. Y la segunda, más evidente y cruda, es que hace falta un buen montón de negros muertos para remover la conciencia de un occidental. Porque al final, vistos los que mueren en el “campo de concentración africano”, el precio de sus vidas está más que devaluado. Así de triste.

El imperialismo americano

Apenas estaba llegando la ayuda internacional y empezaba el despliegue de marines en Haití, y Francia y Venezuela (entre otros) estaban acusando a EEUU de iniciar la invasión del país. La primera lo hacía por el tic de metropoli y los celos evidentes ante la ingerencia del Imperio presente. La segunda por el tradicional deseo de reafirmar la independencia de América Latina respecto a ingerencias extranjeras. Muy en especial, del Tio Sam. En todo caso, creo que estas afirmaciones están fuera de lugar. EEUU es el único país de la región con suficiente capacidad logística y cercanía para el despliegue que puede intervenir con éxito. Vista la lenta reacción de otros países y la patética descoordinación de la UE (ahora solucionada, parece), el liderato de EEUU ha sido la mejor opción. Las primeras 72 horas han sido cruciales para rescatar a los supervivientes debajo de los escombros y si hubiéramos tenido que esperar el acuerdo de Bruselas, apaga y vámonos. Después tocará aclarar el estatus de las tropas internacionales, pero la prioridad es salvar vidas y reconstituir el país.

Sobre la magnitud de la catástrofe, se ha dicho todo. Ahora lo urgente es hacer algo.

lunes, 25 de enero de 2010

Polémicas lingüísticas

Hace poco ha saltado a la palestra una polémica sobre una niña que ha sido suspendida en un examen por contestar en castellano. A raíz del asunto, el Partido Popular, la Asociación para la Libre Elección de Lengua y los medios de la órbita han dado publicidad al caso a través de una carta remitida al Ministerio de Educación. En la misiva la apenada niña ha escrito con una preciosa caligrafía digna de un cuadernillo de Lamela una petición al ministro para “que le devuelvan el sobresaliente que le han robado”, constatando el asombro de sus compañeros franceses por no poder escribir “en español en España” y pidiendo un pacto educativo (curiosa reivindicación de una niña tan pequeña) para que “todos los niños tengan la misma educación en España”.

La verdad es que ha trascendido información dispar sobre el asunto, pero empezaré yendo de lo particular a lo general. Primero y extraño, no se especifica en que asignatura le han puesto el suspenso. Asumo que la asignatura no era valenciano, porque sino sería el asunto sería de traca. Del mismo modo, noto excesiva seguridad en sí misma de la niña sobre su calificación, así que recomiendo a los verdaderos redactores (que son sus padres) que en futuras cartas sería más bonito rebajar el tono de arrogancia. Digamos mejor aprobado que sobresaliente. Igualmente, recomendaría a los padres a que se dirigieran al órgano competente: la Consellería de Educación del gobierno valenciano. Por si no lo saben, es ésta quien tiene las competencias de educación, de modo que si no están contentos con el asunto, supongo que el conseller del ramo ya habrá recibido más cartas que Papa Noel en Navidad. Sobre todo porque ha sido el propio gobierno valenciano quien ha habilitado un sistema con diferentes vías (libremente elegidas) en función de las asignaturas que quiere recibir en valenciano. ¿Y le mandan una carta al pobre Gabilondo?

Hablemos un poco más en general de la política lingüística en la escolarización. De manera general, hay dos opiniones confrontadas sobre el tema. Una es la de que sean los padres lo que elijan de manera voluntaria cual es la lengua en la que quieren que sus hijos reciban clase. La otra es que los infantes reciban la mayoría de clases en la lengua minoritaria para procurar que sean competentes en ambas (la razón de dar más peso a la menor es por el predominio social del castellano). Hay una razón crucial avalada por la experiencia por la que prefiero la última a la primera y se vincula con la discriminación. Si los padres pueden elegir la lengua de sus hijos, lo lógico es que aquellos que son de fuera del territorio elijan por sistema el castellano, mientras que los autóctonos tiendan a hacer por la propia del lugar (así pasaría en Cataluña, al menos, con la inmigración de otras comunidades que se instaló allí). Esto generaría que hubiera dos perfiles, los propios del lugar, generalmente en una posición económica mejor, con una lengua propia (además de ser competentes en el castellano) mientras que los otros, los de otras comunidades, generalmente con una posición económica peor de partida, sólo competentes en castellano. Así, nos encontraríamos con una potencial fuente de discriminación: la lengua como filtro para camuflar posibles prejuicios.

Quizás el ejemplo más paradigmático sobre los efectos adversos que tiene permitir la división lingüística en una sociedad es Bélgica. Hasta los años 70, las lenguas oficiales eran el flamenco y el francés de manera paritaria. Sin embargo, desde ese momento el país se fracturó en función de las lenguas. Y esto no sólo ocurrió al nivel educativo o cultural, sino que hasta los partidos se dividieron en función de si operaban en el área flamenca o valona. Esta división se solapó a las diferencias entre flamencos (más ricos y protestantes) y los valones (algo más pobres y católicos), dando pié a que el país que está en el corazón de Europa esté al borde de la desaparición por sus tensiones nacionales.

La caverna, que tiene de todo menos perspectiva, no es consciente del coste social que implica hacer que los ciudadanos de un territorio no sean competentes en las lenguas oficiales del lugar. La constitución y el propio TC han avalado el modelo lingüístico de inmersión, por más ataques que se le hace desde la caverna. Pero es que además de ajustarse a la legalidad, es la decisión que entiendo más inteligente para no discriminar entre los autóctonos con pedigree y los forasteros, evitando fracturas sociales. Así que, mi querida niña, te recomiendo que cambies los términos de tu carta en:

“Querido Conseller:
He tenido un examen y me han suspendido por usar el castellano. Mis padres eligieron que me escolarizara con esta asignatura en valenciano, pero no he podido aprobar porque no conozco la lengua. ¿Por qué voy a ser menos que mis compañeros de clase? Me gustaría que pusieras todos los medios para que pueda leer, escribir y hablar perfectamente el valenciano y el castellano ya que me asiste ese derecho en la Constitución y la ley.”

¡Ah! ¡Por cierto! Yo hice todos los exámenes de la carrera en castellano y, por lo visto y a diferencia de lo que dicen muchos tertulianos de la caverna, me dejaron ir al baño a hacer pis, no me suspendieron los exámenes, no me pegaron mis compañeros y no vino Carod Rovira a ponerme una multa. Curiosamente, terminé con un expediente brillante. ¡Cosas que pasan!

viernes, 15 de enero de 2010

Vic; capital de la vergüenza

La resolución del Alcalde de Vic de dejar a los inmigrantes ilegales sin el derecho a empadronarse no pasó desapercibida. Para los que no hayan seguido el asunto, a efectos prácticos esto se traduce en que los inmigrantes ilegales no tendrán derecho en Vic a la asistencia sanitaria. Aunque la medida ha sido criticada por varios ministros y por varios movimientos anti-racismo y de izquierdas, en Cataluña la respuesta ha sido bastante más tibia (con la saludable excepción de ICV). Veamos de donde vienen los polvos que traen estos lodos.

Primero, hay que pensar que Vic es el municipio donde “Plataforma per Catalunya”, la organización de extrema derecha xenófoba de Josep Anglada obtiene mejores resultados electorales. Por lo tanto, hay un caldo de cultivo interesante para sacar réditos de cualquier acción contraria a la inmigración. Como representaba Manel Font en una viñeta; se abre el melón de la xenofobia. Pero no sólo hay que pensar a nivel micro, sino en el marco general del discurso. En pasadas contiendas electorales, sean las catalanas o las españolas, tanto el Partido Popular como Convergencia i Unió plantearon sendas iniciativas “a la francesa” de contratos de integración. Incluso muchos se jactaban del impulso que cobró la campaña de Mariano Rajoy tras presentar dicha propuesta. Estos contratos se convertirían en esa especie de filtro de poderes taumatúrgicos que convertiría al desharrapado inmigrante en un “buen español/ catalán”. Sólo había que ver el cartel electoral de Duran i Lleida en el que ponía aquello de “La gente se va de su país no por ganas sino por hambre. Pero en Cataluña no cabe todo el mundo.” Por lo tanto, la concurrencia de este coqueteo con la xenofobia con una situación económica complicada (pero no conflictiva) se ha materializado en esta deleznable iniciativa.

Desagregaré los tres principales argumentos que justifican la acción concreta, ahora que aún tengo fresco el (no) debate que se mantuvo en Intereconomía sobre el tema y cuales son las falacias y los prejuicios que se esconden detrás.

1. Es una medida legal, por lo tanto no hay problema (¡Mario Conde dixit!). Es la típica confusión entre lo legal y lo justo/ legítimo. Si todas las medidas que son legales fueran justas estaríamos convirtiendo en letra muerta la política. Algo, por cierto, propio de los que adoran a la Constitución como su único Dios. Evidentemente, en la línea de Josep Ramoneda, considero que esta medida es inmoral y despreciable, por más que sea legal.

2. No es justo para los demás inmigrantes, en situación regular, que se puedan empadronar los irregulares. Alguien tendrá que explicarles que regularidad y empadronamiento son dos conceptos diferentes en nuestro derecho y que da pie a diferentes tratos jurídicos. Si la cuestión es tratar igual a los que están en la misma situación ¿Alguien se cree que un inmigrante irregular (empadronado o no) tiene los mismos derechos que uno regular? Este último puede (aunque a veces condicionado al tiempo de estancia en España) acceder a todas las prestaciones sociales.

3. No es justo para los contribuyentes que costeemos la Sanidad a inmigrantes ilegales, que no cotizan. Este es el típico argumento que camufla el cinismo. Sobre Sanidad habría que mantener un debate propio, quizás en otra ocasión. Pero no deja de resultar curioso que esta situación se plantea sobre los mismos inmigrantes que trabajan en economía sumergida pero no así de los europeos del norte que vienen a España a disfrutar de la gratuidad de nuestro sistema. ¿Interés por la sostenibilidad del sistema público o xenofobia?

Está claro que tarde o temprano tendríamos que pararnos a pensar en nuestra comunidad, pero no puede ser de esta manera, restringiendo los escasos derechos que tienen unas comunidades que están abandonadas a su suerte. Empezando por atacar siempre al más débil. ¿Debemos dejar en manos de la extrema derecha cuestiones tan importantes como los derechos sociales y de ciudadanía? Yo creo que no.

viernes, 27 de noviembre de 2009

España y Portugal: tan cerca, tan lejos.

Ayer mantuvimos en el departamento una interesante charla con Marina Costa Lobo, una de las politólogas de referencia en Portugal, que nos visitó para presentar un artículo. Además de hablar sobre su investigación, también se abrieron otros debates sobre las agendas políticas de los respectivos gobiernos socialistas llevan en nuestros países y la pasada campaña de las elecciones legislativas en Portugal. Permitidme que exponga aquí algunas de las reflexiones que retuve de ayer.

La primera es la más que evidente asimetría en las relaciones; Portugal mira mucho más a España de lo que nosotros los miramos a ellos. Eso hace que ellos sepan mucho más sobre nosotros que viceversa, y que nuestra propia agenda política influya mucho en ellos. En ambos países gobiernan partidos socialistas (Sócrates antes con absoluta, ahora con mayoría relativa) y en ambos casos se han activado temas sociales que son especialmente sensibles para la Iglesia. En la anterior legislatura en Portugal, se hicieron dos referéndums sobre el aborto y en esta legislatura se aborda el matrimonio homosexual. En España está ocurriendo al revés, como sabéis. La anterior legislatura se trató el matrimonio gay y ahora se entra con el tema del aborto. ¿Curiosa coincidencia, verdad? O quizás no tanto…

Lo que si se ha puesto de manifiesto durante estos procesos es el poder relativo de la religiosidad como elemento electoral en ambos países. Y de nuevo aparece una curiosa paradoja. España es un país mucho más secularizado (con menos practicantes) que Portugal pero la Iglesia Católica conserva mucho más poder institucional. Así, mientras que en España la jerarquía eclesiástica se ha movilizado de manera muy agresiva contra estos temas, el alcance de su actividad en Portugal ha sido mucho más reducido. Esto puede relacionarse con el hecho de que mientras la religiosidad tiene en España una asociación con la derecha en Portugal esto no es así. ¿Razones de la diferencia entre ambos países? Yo creo que probablemente está en el papel de la Iglesia en sus dictaduras y en sus transiciones. Mientras que en Portugal la Iglesia permaneció al margen del salazarismo, en España fue parte del propio régimen dictatorial (de ahí su asociación con la derecha). Para entender el poder que tiene en España y no en Portugal hay que saber que mientras que en Portugal hubo una transición rupturista, aquí fue pactada, con lo que muchos actores mantuvieron privilegios. La asignatura de religión en la escuela pública es algo incomprensible para un portugués.

Otro tema que surgió en la conversación fue el de la “Federación Ibérica” y la unión de España y Portugal. Casi un 35% de los portugueses están a favor, aunque probablemente sea por razones instrumentales ligadas al nivel de vida superior que hay en España. Incluso durante la campaña legislativa surgió el tema en torno a la invasión española con el AVE. Aunque el debate del unionismo ya se planteó por reformistas ilustrados del siglo XIX, el franquismo lo enterró. De hecho, en nuestro país apenas se habla del tema porque, claro, sería acoger al hermano pequeño y; ¿Quién querría hacerlo si ya hay broncas por la solidaridad interterritorial con Andalucía y Extremadura?

La verdad es que me resulta curioso lo poco que sabemos en España de nuestro vecino de occidente aún cuando nuestras historias están tremendamente entrelazadas. A afectos reales no hay más diferencias entre un madrileño y un portugués que las que tiene con un catalán. Quizás haya que hacer cierta pedagogía y aclarar que este país tiene mucho más que ofrecernos que un Figo o Cristiano Ronaldo…

viernes, 6 de noviembre de 2009

COBARDE

Se que un blog está pensado como una herramienta de onanismo intelectual. Escribimos nuestras opiniones, les damos difusión y esperamos el aplauso o la crítica de aquellos que las siguen (familiares, amigos, conocidos). Sin embargo, esta vez quiero hacer algo diferente y sincerarme: quiero reconocer que soy un cobarde. Se que no es una noticia nueva para mucha gente y que puede sonar crudo para quien no tuviera constancia, pero quiero que todo el mundo lo sepa. Aunque luego me arrepienta.

Ayer volvía de la fiesta de la Universidad Autónoma de Barcelona a través del metro de la línea roja. Helado de frío y con ganas de regresar a casa, me apoyé contra la puerta del vagón. Estaba atestado de gente; unos borrachos, otros que regresaban tras pasar una velada por el centro. La cosa es que había unos señores charlando con una mujer de edad madura frente a mí, y al lado, una pareja joven abrazada. Fue entonces cuando reparé en que el joven estaba metiendo con disimulo la mano en el bolso de la señora y su cartera empezaba a asomar. Mi primer instinto fue de alarma y di un paso hacia delante, pero entonces mis miradas se cruzaron con la de la chica joven. Ella advirtió a su cómplice que lo estaba viendo. Y me quedé paralizado. El tipo se giró y me frunció el ceño. Me pareció que sacó la mano del bolso. Sin embargo, no pude moverme. Cuando lo que me pedía el cuerpo era acercarme a la señora y decirle cualquier tontería para que cambiara de posición, no fui capaz. Entonces llegó mi parada, y estando hecho un mar de dudas, salí del vagón. ¿Le habrá robado la cartera? Eso ya nunca lo sabré. Pero lo que sí me sentí es como un despojo humano.

Siempre he predicado que para que el mal triunfe en el mundo, basta con que los hombres buenos no hagan nada. Siempre me ha parecido indignante cuando la gente permanecía pasiva ante las injusticias. Y sin embargo, cuando me toca actuar, entonces me paralizo. No soy capaz de hacer lo que debo. Por eso no me queda más que etiquetarme como lo que soy: un cobarde. No tengo los arrestos necesarios. Dudo que venga Dios a castigarme, no creo que la confesión me redima de mis pecados, ni creo que haya buenas obras que puedan compensar mi pasividad. El culpable del robo es el chorizo pero quizás con un pequeño gesto habría tenido la oportunidad de ser buen ciudadano y frustrarlo. El mal ya está hecho, porque probablemente le habrá robado la cartera a la señora.

No escribo esta entrada para exculparme ni para flagelarme. No la escribo para mostrar cierta “valentía” figurada en reconocer mis vicios. La escribo por una sola razón. La escribo porque se que quedará registrada para siempre en esta especie de blog-diario. Porque quiero que cada vez que mire el historial, recuerde lo que no hice y me sirva para recordar mi defecto más despreciable. Y quizás, el día de mañana, me sirva para actuar con el coraje que me faltó ayer.