miércoles, 2 de abril de 2008

Una vida en Plata

Muchas veces me he hecho la pregunta de si seré capaz de pasar toda mi vida con una persona. En pareja. ¿Tan poderoso es el cemento del amor que puedes estar dispuesto a compartirlo todo (incluso los genes) con una persona? ¿De verdad eso no se agota nunca? Un amigo mío dice que el amor no dura más de dos años y que el resto, es cariño. Pero sin embargo, hay parejas (quizás, cada vez menos) que duran más de un par de años. Y, es cierto, no todas las parejas se aman. Sin embargo, hay algunas que, incluso con sienes canosas, aún respiran amor en sus acciones. O falla algo en la teoría o falla algo en las personas.

Hay una historia excepcionalmente inspiradora que me hace pensar que, aunque se vacile a veces, eso del amor debe existir. Hubo una vez un joven de La Rioja que, junto con otros compañeros, bajó a la Bahía de Cádiz a estudiar formación profesional. De familia sin dinero (cómo la mayoría de entonces) se decidió a hacer fortuna en donde “El Dorado” de Astilleros era garantía de sustento. Allí, en una parte borrosa del cuento, parece ser que conoció a una nativa “liberal” para la época; de aquellas que tocaban la guitarra, luchaban contra el franquismo y llevaban minifalda. Todo indica que se enamoraron mucho el uno del otro. Durante el tiempo en el que él estuvo estudiando, todo eran alegrías. Pero llegó un momento en el que, agotada ya toda oportunidad de trabajar en astilleros, al muchacho no le quedaba más alternativa que volver. Él le pidió tiempo a ella para ganar la suficiente para bajarse a vivir con ella. Ella, con un “cuatro-latas” amarillo se subió a buscarle. Cómo el cuento del príncipe en el blanco corcel, pero versión “made in Spain”.

Se casaron, un día 2 de abril, en un humilde juzgado de pueblo. Era algo innovador para la época. De Luna de Miel, a chiflar a la vía. A Galicia. Las tour-operadoras no pasaban entonces de Torrevieja. ¡Qué periplos los de las parejas de entonces! Aunque parezca increíble, no se quedaban hasta los 30 en casa de los padres. Vivían por su cuenta, al principio en una casa, pero después cambiando a otras. Eran los tiempos en los que se tenían hijos aunque no hubiera dinero suficiente para pagarles hasta el Ipod. Y llegó el primero, y ocho años después, el segundo. Y trabajaron juntos y separados. Y pusieron tierra de por medio. Y la desazón de la rutina y las riñas de fin de semana. La vida les dio golpes. Perdieron y ganaron. Pero es algo extraño…

Porque cuando parece que todo se les echa encima, que es imposible seguir así, rebrota algo singular. Cuando ella se enferma, él vela su reposo. Agobiado por todo, él sólo con ella encuentra consuelo. Es como si el mundo se empeñara, con sus problemas diarios, en ahogarlos. Y ellos se apoyaran siempre el uno en el otro para siempre salir a flote. Con un extraño e incomprensible magnetismo, lo saben. Se tienen el uno al otro. Y aunque él siga sacando el cuchillo y ella, pidiendo un bocadito nada más, eso extraño que los ata debe de ser amor. Porque si eso no lo es, es que de verdad el amor no existe.

Hoy han cumplido 25 años juntos, toda una vida. Muchísimas felicidades. ¡Y ojalá que vengan muchos más!

sábado, 29 de marzo de 2008

¡Burocracia!

Hay un monstruo que se regodea en su poder incuestionable. Y no me refiero a una criatura mítica, de grandes poderes e infinita maldad. Estoy hablando de esa grotesca forma que asoma detrás de un mostrador. Me refiero al funcionario de atención al público. No hablo del maestro, el cartero o el policía… sino de ese tipo concreto de funcionario que te pide la foto de carnet cuando es lo único que te falta de todo el papeleo. El mismo que nada entre los miles de expedientes. El exponente máximo del “Venga usted mañana” de Larra. Hagamos un recorrido por esas escenas que nos resultan tan comunes; pidas una beca o que te hagan el pasaporte…

Suelen yacer en edificios cuadriculados, en las esquinas de los órganos oficiales y alejados de la entrada principal, cómo si quisieran esconderlos a la vista pública. Pero son inconfundibles porque, generalmente, una larga cola sale de ellos. Gentes venidas de tierras lejanas, sea en tren o en bus, se han devanado los sesos para encontrar la guarida. Poco a poco, como el lento movimiento de las mareas, perece que te vas acercando a la puerta del edificio o, si tienes la fortuna de que sea una administración grande, al mostrador. Pero no te preocupes, porque el incauto que se alegra de acercarse constatará con horror cómo la cola aminora su ritmo de avance cuanto más cerca estás. Es una ley matemática, la velocidad de la cola es inversamente proporcional a lo cerca que estas de tu destino. Pero todo llega, y habrá un momento en el que estarás a punto de presentarte frente al mostrador.

Y ahí te expones a una contingencia fatal. Que te toque “el tonto” delante. Este sujeto que no entiende nada, que piensa lento y actúa más, que hace miles de preguntas… y que sobretodo, tiene un efecto desesperante sobre los que le rodean. Por cierto, eso no quiere decir que nosotros no podamos ser “el tonto” para el que va detrás. Es un cargo muy democrático. Pero ya llegó el momento y estamos frente al medio cuerpo. Frente al monstruo de la fatalidad. Estamos frente al funcionario. Hay tantos tipos cómo personas pero siempre hay clásicos. Está la mujer hinchada y desagradable. La delgada y perdona vidas. Y el serio y amenazante del bigote cano. Si vais a cualquier oficina encontrareis por lo menos dos de estos sujetos. Pero todos tienen algo en común. Los dos cafés al día son sagrados y “A usted le falta x documento”. Algo así cómo, “No me compliques la vida chaval, vete con viento fresco”. Lo lees en sus ojos. A veces, no se toman ni la molestia de ser educados. A lo mejor están hasta los “…” de su trabajo, “¡Pues anda que yo de sufrirlo!”. Se que hay funcionarios amables y trabajadores, igual que se que respiro oxígeno. Existe, lo respiro, pero no lo veo.

Este monstruo se parece al Minotauro. Primero, porque la bestia está de medio cuerpo para arriba. Y segundo, porque tarde o temprano, hay que hacerle un sacrificio. Hay que pasar por sus manos. De la burocracia nadie escapa. Ahora, gracias a Internet, puedes saber los documentos necesarios antes de personarte en la oficina. Algo ayuda, desde luego. Pero ¿Qué sería de esos momentos mágicos si no te rechazaran un documento no compulsado? Ese sentir el latido del corazón en la sien, esa desesperación de la mañana perdida. Porque eso es universal. Hay que ir una mañana y perder día de trabajo/ lectivo a unos horarios, cuanto más ajustados, mejor. Con pausa del café no incluida, por supuesto. Cuando la mitad del mostrador se levanta comentando chascarrillos y dejan a un solo funcionario. ¡Y a la mitad de la cola con un palmo de narices!

miércoles, 26 de marzo de 2008

Fortuna Audantes Iuvat

Que el azar existe es algo que está fuera de toda duda. Los juegos que hay a su alrededor no dejan de probar que, con una conjunción probabilística, el número de ases que te pueden dar en una mano varía según las cartas que quedan en el mazo y las que toman tus adversarios. Es el mero (pero a veces crucial) azar. Pero yo quiero tratar aquello que se suele denominar la Suerte y que yo califico cómo Fortuna. Si prefiero este segundo nombre es porque ya incorpora en su segundo significado el bien que le es parejo. La Fortuna es la suerte, pero también las riquezas y la gloria.

En la época clásica se solía ver en la Fortuna a una mujer caprichosa, cambiante pero a la par irresistible que llevaba a la gloria cuando se poseía y a la perdición cuando nos abandonaba. Para la tradición cristiana, quedó subsumida dentro de la voluntad de Dios y pasaba a convertirse en la Providencia. Todo lo que ocurría quedaba dentro de la infalible voluntad del Altísimo. Sin embargo, la tradición del Renacimiento retomó este concepto que más adelante sería olvidado hasta el Siglo de las Luces. En aquel entonces, se volvió a la visión de la Fortuna cómo independiente de la voluntad divina. Y se retomaron en mucho los consejos de Séneca y Cicerón por parte de los humanistas de la época cómo Bocaccio, Dante o Maquiavelo. Y también renació el complemento de la Fortuna. La virtud. Virtud viene del latín “vir” y se refiere a aquellas características propias del hombre (viril) que se atraen la buena voluntad de la Fortuna (mujer). Sobre las virtudes deseables, cada autor varía, por supuesto. La prudencia, la sabiduría, el valor…

Yo creo que el enfoque de los clásicos es bien acertado sobre el tema. Muchas veces, no somos conscientes de en qué medida somos dependientes de la Fortuna, de esa combinación de acontecimientos que nos pueden hacer caer o triunfar. Por estar en el momento apropiado y en el lugar apropiado, todo se puede ganar y perder en un momento. Pero eso no excluye para que nosotros no podamos construir sólidos diques para frenar sus caprichosos envites o aprovechar mejor sus mareas favorables. La mejor manera de atraerse la buena Fortuna y minimizar el daño de la mala es a través de la virtud. Es decir, de cultivar aquellas capacidades que nos engrandecen. Gracias a ello, podemos controlar nuestro destino. Sirva el ejemplo. Si uno va a un examen estudiando un solo tema, se pone por entero en manos de la Fortuna. Si uno ha estudiado todo el temario, aunque le pongan el tema que peor lleva, podrá salvar la cara. Si un día quiebra tu negocio, y lo pierdes todo por un golpe de Fortuna, dotado de virtud poco de costará comenzar de nuevo desde abajo para labrarte un nuevo futuro. Dicen que la adversidad demuestra el valor de una persona, la buena Fortuna, lo oculta. Tal era la consideración de los antiguos.

La Fortuna es una poderosa compañera de viaje, que tanto trae lo bueno como lo malo. Dicen que es el tiempo, pero yo no lo creo. Creo que es la Fortuna la que pone a cada cual en su sitio. Porque el que llega lejos apoyado en su suerte pero carece de aptitudes, terminará por fracasar. Al final, la Fortuna le dejará de lado y, sin apoyos consistentes nacidos de sí mismo, caerá como un castillo de naipes. No podrá soportar los envites de sus adversarios.

Hay que ganarse la buena Fortuna y eso se hace a través de uno mismo. Ojalá os acompañe, y ojalá que no la necesitéis...

domingo, 23 de marzo de 2008

¿Son personas?

Se rumorea que esos tipejos son seres humanos. Y yo creo que lo deben ser; con sus familias, sus amigos, su forma de ver la vida y, un poco cómo todos, buscando ser felices. Sin embargo, de alguna manera difícil de entender, han llegado a la conclusión de que para llegar a cumplir con sus sueños no se debe reparar en medios. El pasado viernes, esos “señores” deberían sentirse un poco más cerca de sus sueños. Por el contrario, muchas personas vieron los suyos quebrados.

En Viernes Santo, el Cuartel de Calahorra resistió con pocos daños, pero lo expansivo del fanatismo arrasó con todo lo demás. La guardería cercana quedó completamente destrozada, con los comercios circundantes. Un edificio completo deberá ser demolido. Los daños son difíciles de calcular. Avisaron de que iban a morder y así lo hicieron. No hubo daños colaterales esta vez, pero poco hubieran importado. Lo primero es la causa. Setenta kilos pesaba la carga de su desprecio por la vida. Por la de los demás, claro.

Detrás de cada escombro, una familia sin techo. Donde hay un comercio arrasado, una persona se ha quedado sin forma de vida. Por fortuna no son más que bienes, y aunque hiera su reemplazo, seguir con vida te permite volver a empezar. A la directora de la guardería que lloraba como la Magdalena. A la mujer que sufrió un desmayo al ver su casa tras el atentado. Aunque el zarpazo deje marca, todo cicatriza. Aun así, las heridas más profundas no son las de la piel, sino las del corazón. Mucha gente tendrá desde el viernes problemas para conciliar el sueño…

Huyen siempre, cobardes, en la semi-clandestinidad. Consagrados a la causa. Pero tiene que haber una persona detrás del pasamontañas. Supongo que han perdido el norte, de algún modo. Cuando matas por primera vez, es posible que algo muera también en el interior. Que te atrape la inercia del plomo, del gatillo ágil, de la bomba y el odio. Y sobretodo de ese fanatismo que hace tuerta a la Razón y ciega a la Dignidad. Siempre, sin reparar en medios.

Es triste, pero seguirán. Porque no pararon cuando pudieron, y porque nunca lo quisieron. Ya no saben hacer otra cosa. El viernes no hubo muertos, pero lo hubo en Mondragón y los habrá mañana en otras partes. La serpiente rondará entre nosotros y donde su lengua bífida hablará de ideales, con sus colmillos no dejará de morder.

¿Son personas? No lo se. Pero yo si se quienes lo eran. Todos los que han probado el veneno de la violencia etarra. Como mis vecinos. Pero atención, que se guarden mucho los violentos. Porque igual que al veneno se le pone antídoto, a la serpiente venenosa, se le corta la cabeza.

miércoles, 19 de marzo de 2008

Órdago, constitución y consulta

Por más que se empeñen algunos periodistas, lo cierto es que, tras las elecciones generales, la actividad política está algo muerta. Más allá de las quinielas sobre el futuro ejecutivo o los pactos de gobierno, hay poca novedad. Uno de los últimos temas de controversia es la llamada a una consulta popular por parte del Lehendakari Juan José Ibarretxe en el mes de octubre. Cómo él mismo anunció en el debate de política general de Euskadi tras los resultados de las elecciones municipales de mayo, se hacía necesario el llamar “al pueblo vasco a resolver, a través de su voluntad democrática libremente expresada, el conflicto que lastra a este pueblo”. Y partir de aquí, la vuelta a lo mismo otra vez. Pero pongamos un momento los puntos sobre las íes.

Lo primero, una cuestión para nada baladí, comentar el pequeño asunto de que el Lehendakari, cómo presidente de Comunidad Autónoma, no tiene potestad para convocar un referéndum. Esta competencia es exclusiva del ejecutivo del Estado. Y el Lehendakari parece olvidar que él, cómo cargo institucional, es el máximo representante del Estado en Euskadi. Que su poder, de manera exclusiva, mana de la Constitución, la norma fundante básica de la que surge el Estado, y por lo tanto, también de todas las normas legales. El “embrollo jurídico”, que menciona Urkullu, Secretario del PNV, es precisamente el cogollo de la cuestión. Tal convocatoria sería flagrantemente inconstitucional y, por ello, privada de validez jurídica. El único resultado es el contencioso politico y la frustración que se le derivaría en una parte de la población que verá en tal denegación del referéndum un acto de opresión y no de legalidad. El Estado Español ataca de nuevo. Y así, capitalizar la frustración otra vez. Los votos del desencanto, sin importar las fracturas que se generen en la sociedad española y vasca.

Hay una pregunta muy pertinente que hacerse que, mientras que no resolvamos de modo definitivo, hará que estemos continuamente retornando al mismo asunto. ¿Hay alguna entidad no jurídica que esté por encima de la Ley? ¿Hay alguna Nación o Credo que pueda justificar la violación o negación de la ley? Si es así, entonces, corresponderá a cada colectivo (o más bien, sus representantes) el definirse en instancia última cómo jurado inapelable de lo justo y lo injusto, y por lo tanto, de lo que puede o no hacerse. Por el contrario, yo soy más bien de la opinión de que no existe entidad ninguna que sea superior a la Ley, siempre que esta mane de un cuerpo democrático constituyente (si genera la Constitución) o constituido (si aprueba las leyes). Ello no significa el conformismo con la ley pero sí su acatamiento. El cumplimiento de las normas de juego, que son las mismas con las que competimos todos. Uno no puede decir hasta que punto las normas si me valen (por ejemplo, para ocupar cargos e instituciones) pero cuando ya no me sirven pretender saltármelas (vulnerando flagrantemente la ley). De hecho, los propios árbitros del sistema, sea la judicatura ordinaria o el Constitucional, tomarían cartas en el asunto para que todos jueguen igual.

No hago apología aquí contra ninguna ideología, pero sí contra la falta de rigor y el exceso de hipocresía en algunas formas de hacer las cosas. Si no gustan las reglas del sistema, hay mecanismos para cambiarlas. Hay mayorías cambiantes, hay pactos posibles. Pero si de verdad se quiere impulsar una iniciativa, dejemos de cargarla de falacias. Dejemos de jugar al ratón y al gato lanzando órdagos imposibles que no buscan sino generar frustración y conflicto. Va siendo hora de tener una visión más amplia y conforme a la ley, buscar el legítimo arreglo de nuestras diferencias.

martes, 18 de marzo de 2008

El Amor (según Shakespeare)

Uno de mis autores favoritos, quizás por su toque tan moderno, tan pasional y violento, es William Shakespeare. Creo que sus obras relatan con mucho acierto muchos de los conflictos de la vida; el poder, la venganza… Precisamente, en “Trabajos de Amor Perdidos”, se trata sobre el amor y sus locuras en forma de alegoría. Sobre los rasgos del Amor, con toda su fuerza y expresividad, habla “la Naturaleza” en este precioso fragmento que me tomo la licencia de reproducir:

"De los ojos de las mujeres obtengo esta doctrina. Ellas son la base, los libros, las academias de donde brota el verdadero fuego de Prometeo (...).
Porque ¿existe en el mundo un autor capaz de enseñar la belleza como los ojos de una mujer? La ciencia no es más que un aditamento de nuestra individualidad. Allí donde estamos, nuestra ciencia reside también. Pues, cuando nos contemplamos en los ojos de una mujer ¿no vemos en ellos, asimismo, nuestra ciencia? (...).

El amor, aprendido primero en los ojos de una dama, no sólo no vive encerrado en el cerebro, sino que, con la movilidad de todos los elementos, se propaga tan rápidamente como el pensamiento en cada una de nuestras facultades y les infunde un doble poder, multiplicando sus funciones y sus oficios. Añade a los ojos una segunda vista de valor inestimable. Los ojos de un enamorado penetran más que los del águila; sus oídos perciben el murmullo más ligero, que escapa al oído receloso del ladrón; su tacto es más fino, más sensible que las tiernas antenas del caracol en su concha espiral; su lengua, más refinada que la del goloso Baco.
Y en cuanto a su valor, ¿no es Amor un Hércules encaramándose de continuo a los árboles de las Hespérides? Sutil como una esfinge; tan acariciador y musical como el laúd del brillante Apolo, que tiene por cuerdas sus cabellos. Cuando habla el Amor, enmudecen todos los dioses para escuchar la armonía de su voz. Jamás poeta alguno osó tomar la pluma para escribir, antes que a su tinta se mezclasen las lágrimas del Amor. ¡Oh! Entonces es cuando sus cánticos embelesan los oídos más duros e infunden a los tiranos una dulce humildad. Tal es la doctrina que extraigo de los ojos de las mujeres, que centellean siempre como el fuego de Prometeo. Ellas son los libros, las artes, las academias, contienen y nutren al Universo entero. Sin ellas, nadie puede sobresalir en nada."

lunes, 17 de marzo de 2008

El Castillo Ambulante

Hoy he dedicado la tarde a ver una de las encantadoras películas de Hayao Miyazaki, “El Castillo Ambulante”. En general el anime japonés no me desagrada, pero las películas de este autor me resultan particularmente atrayentes. Me parecen, por su estética y temática, preciosistas y llenas de mensaje. Si teneis la ocasión de ver no sólo esta, sino otras como “La Princesa Mononoke” o “El Viaje de Chihiro”, no os lo penséis, porque os engancharán fácilmente. No hace falta que seas un fan del Japón. Referente al autor, la biografía de este hombre es la de alguien que ha dedicado toda su vida al mundo del anime. Junto con Isao Takahata, ha sido el responsable de las series de animación archiconocidas por todos de “Heidi” y “Marco”. Es un hombre, que además, a lo largo de sus 50 años de carrera ha tenido un reconocimiento internacional. En 2002, “El Viaje de Chihiro” recibió el Oso de Oro en la Berlinale, el Oscar a la mejor película animada y en el festival de Venecia un homenaje a su trayectoria profesional. “El Castillo Ambulante” fue candidata a la mejor película de animación en 2005.

Aquellos que hayáis visto una de sus películas notareis con facilidad su toque estético. Acorde con su visión ecologista de la vida, en sus películas siempre aparecen infinidades de paisajes, bosques y montañas nevadas, así cómo animales de todo tipo. Además, no dejan de estar presentes innumerables espíritus protectores de la naturaleza, brujas, magos y seres fantásticos. La violencia, de manera general, suele ser algo accesorio en sus películas y por ello se suele pensar que por ser calificadas para todos los públicos son solamente para el infantil. Su temática es rica, aunque tradicionalmente japonesa. El respeto con la naturaleza y el equilibrio interior, el amor por la familia y la amistad… Sus personajes principales se caracterizan por ser personas desprovistas de maldad (casi ingenuas) pero dotadas de inquebrantable determinación y confianza en la bondad del hombre. A lo largo del viaje del protagonista, siempre aparecen nuevos compañeros y hay un lugar para la redención. La mujer, en sus cintas, carece del carácter subordinado que suele transmitirse en la sociedad japonesa. De hecho, ellas mismas son muchas veces las protagonistas principales.

Se que puede sorprender un poco que hable de cine en el blog, y más que lo haga sobre un autor de anime. Pero una vez me dijo un amigo que el buen cine es el que “te transmite cosas”. Por eso yo creo que este dibujante hace buen cine y quiero reivindicarlo aquí. Porque cada vez que termino de ver una película suya me siento diferente; quizás más feliz, y con una visión más amable de la vida.