(Artículo publicado en la Tribuna de Opinión del diario "La Rioja" el 5 de mayo de 2010)
Recientemente estalló una polémica en Badalona. Allí, la agrupación municipal del Partido Popular repartió unos folletos con el título: «¿Es tu barrio seguro? (.) No queremos rumanos». Aunque la dirección nacional se ha desmarcado, su candidato, García Albiol, insistió en defender las tesis de tal panfleto. Por desgracia, llueve sobre mojado. En España existe una honda raigambre social que vincula a la inmigración con la delincuencia. De hecho, datos de la última encuesta del CIS que trata el tema dice que hasta el 60% de los españoles hace tal vinculación. Sin embargo, criminólogos y sociólogos han demostrado ampliamente hasta qué punto estas asociaciones son inciertas
Lo primero que hay que hacer es poner en cuarentena los datos oficiales de delincuencia ya que sólo computan los delitos denunciados. La evasión fiscal, por ejemplo, es tan delito como el robo, pero es más improbable que se denuncie la primera que la segunda. Es decir, hay un sesgo que hace que consten más los delitos 'menores' que los de 'guante blanco'. Otra cautela hace referencia a las estadísticas de detenciones. Está bastante extendido que el 50% de las personas detenidas en España son inmigrantes. Ese dato, en bruto, es cierto. Pero si se descomponen las razones de la detención, se da la paradoja de que casi la mitad de los inmigrantes detenidos lo son por estancia ilegal. Y este motivo se trata de un problema administrativo, no penal. Si nos atenemos a los delitos efectivos, stricto sensu, alrededor de un cuarto de la población reclusa es inmigrante y de ésta, aproximadamente la mitad a su vez es residente permanente en España. Así, nos encontramos con que la población reclusa real de origen inmigrante (legal e ilegalmente residiendo en España) es de aproximadamente el 15%. Menudo cambio.
Pero pensemos por un momento en lo que llamamos relaciones espurias, que se dan cuando hay un elemento oculto que no hemos considerado pero que es el realmente explicativo. Por ejemplo, la edad. Existe una correlación muy intensa entre 20 y 30 años y cometer un delito. Curiosamente, dos terceras partes de la población inmigrante se encuentra en esa franja de edad. Algo similar ocurre con tener menor nivel socio-económico. Y aunque no hay una asociación perfecta entre pobreza y delincuencia, ésta sí que condiciona determinados tipos de delitos frente a otro. Volviendo al ejemplo anterior, los más pobres quedan restringidos a robar en una casa, que son los que constan en las estadísticas. Los que son más ricos saben hacer que sus delitos no consten. Evidentemente, la pobreza no justifica el delito, pero sí explica la visibilidad de la criminalidad en el colectivo inmigrante.